…respirar tres veces y abrirse el pecho.
No es tan fácil repetir palabras, de una y otra forma, mientras uno busca repetirse menos.
No es nada fácil.
No es lo mismo susurrarte cosas lindas junto al pecho, que pararse en esta cima y gritarle al mundo entero.
Porque como el tiempo avanza, las palabras de reservan y las cosas que se dicen se comparten en el lecho.
Se convierten en frontera las caricias, y la noche nos rodea, encerrando un mundo más pequeño.
Es un mundo a la medida, que nos hace alzar el vuelo y al volver con su reparo nos cobija.
Es el mundo donde vivo, el continente que descubro, el celeste amanecer de cada día.
Es el blanco de tu espalda, el silencio concentrado, las sonrisas.
Las eternas discusiones sobre a quién le toca irse a la cocina.
La pacífica armonía, la tranquilidad de quien se sabe en tierra amiga.
Es mi mundo, el que iluminas, el que casi sin quererlo habitas. Es mi mundo.
Es el mundo que creamos, el que hacemos poco a poco. Es el nudo
de las piernas en una cama demasiado grande. El milagro que detuvo
las preguntas y los días agobiantes. El que con un gran futuro
se deshizo de pasados inconclusos. Es mi vida, es la vida
que me diste desde que por coincidencia apareciste un día.
Es la vida que siempre quiero vivir, hasta siempre, por siempre
Es la vida que agradezco. Tanto que hasta a veces rezo.
Tanto que muchas más veces lloro. Tanto que siempre, pero siempre
TE AMO
No es nada fácil encontrar nuevas palabras cuando hay dos tan perfectas.
Tampoco es fácil hacerse oír más allá de las sábanas cuando la perfección se ha alcanzado.
Toda la vida que quiero tener está entre tus brazos. Todos los sueños que me quedan por soñar viven en tu almohada.
Gracias, una vez más, por invitarme a tu vida.
a Bárbara, febrero de 2005, un lindo día