Iniciativa: agreguemos un artículo a Wikipedia

En el blog de la promoción «Gánate un Hot Rod» de Armor All (sip, la organiza AREA6, mi agencia), acaba de surgir una iniciativa interesante: ya que hay opiniones enfervorizadas acerca de la definición de Hot Rod y si aplica o no aplica a las máquinas del infierno que serán los premios, por qué no canalizamos esa energía hacia construir un artículo en español sobre Hot Rods en Wikipedia?

Acá lo que me intriga, y le dejo la pregunta a los (3) sospechosos de siempre que suelen pasar por acá: cuánto cuesta hacer algo así? Para mí, no tiene costo, pero entonces por qué no se hace más veces? O estoy muy desconectado y no he visto otros intentos similares? No te estás hartando de las preguntas sin fin?

La cuestión es esta, según lo que veo: alrededor de los autos de Armor All se armó una conversación sobre -guess- Hot Rods. Entre los que dejaron comentarios en el blog, hay tipos que saben MUCHO. Cuál es el paso lógico siguiente? Llevemos la conversación hacia algo constructivo. O mi único aporte a esa conversación va a ser poner el logo en el header?

La gente que deja comentarios en el site pone tanta energía y conocimientos en ellos, que realmente vale la pena ofrecerles salidas en las que -es probable- no pensaron.

Cuando tienes algo que te apasiona, no te dan ganas de contárselo a todo el mundo? O sólo los bloggers somos así de exhibicionistas?

Bloguear no es para todos…

Me gusta el análisis que hace Hugh MacLeod sobre las nuevas herramientas de publicación y «presencia» que hoy están disponibles (Twitter, Jaiku, Facebook, Spock, Dopplr, etc), y se llevan una porción de la energí­a que antes «solo» se ocupaba en blogs.

I remember Robert Hughes, the great art critic saying in his wonderful book, «The Shock Of The New» that the Conceptual Art scene that emerged in the 1960s-1970s was actually good for «Painting».

Why? Because with everybody else scattering bits of string around gallery floors and calling it «Art» , or covering themselves with butter, rolling themselves in the grass and calling it «Art», the only people left painting were those, as Hughes put it, «who still actually wanted to paint».

And paint they did. Hence the big painting revival in the early 1980s. Artists like Julian Schnabel, Francisco Clemente, Basquiat, Keith Haring etc.

I feel similarly about blogs. With new tools like Facebook and Twitter springing up, there’s no need to have a blog unless you really want to, unless you really want to devote that kind of time and effort to it.

As I’ve said more than once before, «Blogging isn’t for everybody, Web 2.0 is for everybody».

Todaví­a hay mucha gente diciendo a las empresas «abran un blog», y no se trata de eso. Conversen, abran espacios, usen las herramientas que hoy están disponibles para todos y que el resto del mundo está usando. Creo que ese es el consejo.

Hospitalidad, Italia; Italia, Hospitalidad

(me está gustando esta onda de presentación en los títulos, podría convertirse en un sello)

Supongo que no es un defecto exclusivamente italiano, y sus (d)efectos se extienden por el resto de Europa.

La cuestión es que los meseros italianos, los concierges de los hoteles, y en general una amplia mayoría de los empleados del erróneamente llamado Hospitality business, te atienden con desgana, casi con asco.

No están gustosos de recibirte (y a tus euros) en su casa, sino más bien parece que te están haciendo un favor al escuchar tu pedido para la cena.

Individualmente son bastante distintos. Cuando uno hace un esfuerzo por generar conversación, todos los clichés hollywoodenses se verifican. Tipos bonachones, vociferando y riendo fuerte, te cuentan historias, te recomiendan lugares y se ganan una generosa propina, por contraste.

Italia tiene MUCHO que aprender de México en cuestiones de turismo y hospitalidad. Ahora me explico mejor por qué los europeos vienen a Playa del Carmen y se enamoran perdidamente del lugar, aunque ellos tengan ese Mediterráneo místico y azul profundo. Debe ser que se sienten bienvenidos.

Capri - Faraglioni

Los Faraglioni de Capri y el Tirreno azul

Republicanos: quién no cree en la evolución?

Vergonzoso segmento del debate entre precandidatos del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos: una pregunta de la audiencia fue “Sí o no, está de acuerdo con la teoría de la evolución?”.

Brownback, Tancredo y Huckabee afirman públicamente, en TV y para la posteridad que no tienen una estatura intelectual diferente de quien se pone un chaleco de dinamita y cree que después de la explosión, Alá le va a entregar 77 vírgenes.

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Vía Crooks and Liars.

Conociendo gente interesante

It’s a people business! Si alguien me pregunta por qué invierto tanto tiempo en leer y escribir blogs, es por esto.

Hoy estuve tomando un trago con Grant McCracken, un tipo interesantísimo. El fin de semana pasado dejé un comentario en su blog, donde contaba de su viaje a México y hoy se dio un rato para charlar un poco.

Es antropólogo y asesora a empresas en cuestiones de tendencias y comportamientos, se pasó las últimas dos semanas entrevistando amas de casa mexicanas en sus cocinas. Aparte, da clases en Harvard y es parte del Convergence Culture Consortium (C3) del MIT.

Sus email llevan una firma que dice: Lee mi blog, o compra mi nuevo libro en Amazon, o compra mi (otro) aún nuevo libro en Amazon.

Por qué tanto lío? Porque el tipo se sentó dos horas a soportar mi pronunciación vergonzosa y a anotar algunas recomendaciones de lecturas que le dí.

Cuando estaba en la universidad, y leíamos a Drucker, Peters, Dornbusch y Kotler, los autores eran bestias míticas, inalcanzables en un pedestal al que pocos podían acercarse y nadie subir.

Qué cambió a partir de Internet, los blogs y la era de la apertura? Ahora es posible tener acceso. Es posible bajarse unas cervezas con McCracken, o armar un impromptu videocast con Chris Pirillo, o recibir una respuesta de Seth Godin a la exacta media hora de haberle mandado un email.

No significa que se hayan borrado las diferencias, y eso es sano. Que la Harvard Business School no conozca mi nombre es algo perfectamente esperable. Lo crucial para mí es que se multiplican las oportunidades de aprender de tipos que son pesos pesados en lo suyo, sin necesidad del aparato de marketing de una editorial, o sin las murallas corporativas, que suelen ser peores.

La segunda buena noticia es que Grant va a asistir a una cena de Emprendi2.0 la próxima vez que venga a México, probablemente este año. Realmente vale la pena estar colgado de tanto RSS.

El Culto al Amateur

The Cult of the AmateurPor estos días se está hablando mucho del libro de Andrew Keen, El Culto al Amateur (The Cult of the Amateur). En él, Keen afirma que la red de hoy perjudica severamente la cultura. “Cada vez que alguien publica algo en un blog, un periodista mejor y más inteligente muere”, dijo en una conferencia.

En ciertas partes, es posible darle la razón: el que Twitter tenga 2 millones de usuarios no significa que un pueda salir a la calle y encontrar alguien que sepa qué es (salvo que vivas en Silicon Valley), pero en general creo que lo que hace es pegarle a un blanco muy fácil. No creo que su libro tenga muchos lectores fuera del ámbito de los medios digitales.

For the record: creo que Andrew Keen es a la web lo que Jack Thompson es a los videojuegos. Se va a llenar de dinero y se va a hacer famoso, pero por las razones equivocadas.

Presentando: Emprendi2.0

Emprendi2.0 es una iniciativa para reunir emprendedores de Internet, Web 2.0, y nuevas tecnologías en cenas informales alrededor de todo el mundo. ¿Por qué una cena y no eventos o conferencias? Creemos que las verdaderas propuestas e ideas realmente buenas ocurren fuera de espacios en los que se supone deberían darse.

Hans Ulrich una vez organizó un evento de ciencia y arte con toda la infraestructura de una conferencia, recepción, pláticas, comidas, pero lo único que no hubo fue conferencia; un experimento exitoso con un ambiente de colaboración que aún persiste. Queremos lograr lo mismo.

Emprendi2.0 está en fase beta y estamos organizando la primera de muchas cenas en México D.F., una de las ciudades más grandes y peculiares. ¿Te gustaría asistir? Escríbenos por favor un correo electrónico contándonos quién eres, qué haces, cuáles son tus proyectos, planes y aspiraciones. Haremos lo posible por invitar a todos aunque no prometemos nada ya que estamos limitados de espacio.

contacto@emprendi2.com

Vaticano: ya no hay limbo, ganamos cuota de mercado

Ahora resulta que después de un año y medio de deliberaciones (otro día hablamos de cuánto recurso desperdiciado significa esto), dice el Vaticano que ahora tendrás que dejar de creer que el limbo existe, y respirar con alivio, ya que los niños que mueran sin ser bautizados entran derecho al cielo.

Como táctica de marketing está muy buena, si pensamos que en Asia y África son pocos los bautizados y muchos los muertos, están llenando los censos del cielo sin mover un pelo por favorecer los de la Tierra.

Por qué no dedicaron ese año y medio de vacuidad a hacer la vida un poco más fácil a la misma gente que con tanta alegría le abrieron el acceso al cielo? Hay interminables listas de pueblos y tribus que realmente se beneficiarían con un poco de educación en higiene, planificación familiar y servicios básicos de salud.

Soy el único que piensa que una sonrisa en la boca de esos niños vale más que un pedazo de cielo?

En otra nota, si no te dejas bautizar, te puedes portar como quieras y tienes el cielo asegurado gracias a la nueva versión del trámite que acaban de aprobar.

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Hagamos un viral!

Culpa de Peluka, me enteré que Julián Gallo y Mariano Amartino tuvieron un encuentro cercano con (intentos de) marketing viral y social.

Varias veces, mientras pensamos una campaña, mientras recibimos un brief, o armamos una promoción, en las agencias aparece cada tanto la -temible- frase: «Hagamos un viral!», dicha como si fuera la versión especial de abracadabra que multiplica tus ventas. A veces viene del cliente, otras veces aparece en boca de ese fulano de cuentas que lee los blogs correctos, pero interpreta como la mierda.

La psicología detrás de esa frase esperanzada asume ciertas variantes:

– Vamos a hacer un comercial del que todos hablen. Que AdRants, AdPulp, AdCritic y BriefBlog canten loas a coro ante nuestra genialidad
– Vamos a hacer una campaña de MUY bajo costo; podemos bajar costos de producción porque el video para Internet es menos pro, y no vamos a gastar en medios
– Vamos a armar un par de comerciales y mandamos un spam a nuestros contactos, para que se encarguen de reenviarlo y hacer correr la voz. Si alguno resulta con MUY buenas críticas, lo mandamos a TV por cable

    Hay algunos matices un poco exagerados, pero creo que ilustran más o menos lo que pasa por la cabeza de quienes no terminan de pescar el fondo del asunto.

    John Dodds, de muy amena lectura, tiene la clave: «el problema es que convierten ‘viral’ en un sustantivo, haciendo que el fin del asunto sea la creación de la pieza, cuando el real objetivo es la redistribución viral del mensaje», traduzco burdamente.

    Entonces, después de tanto preámbulo, a Julián Gallo le mandaron «un viral». Un video de mierda, producido intencionalmente con mala calidad para que parezca amateur. Nada de valor como para contárselo a nadie, salvo por la historia de la despistada agencia de PR.

    En el caso de Mariano Amartino, creo que es un buen estilo de campaña de PR. Armada con una serie de elementos que apelan al ego del blogger, ayudan en la búsqueda de contenido original, etc. Coincido en general con Mariano.

    Ahora, en ambos casos, aunque un blog resulta un medio más o menos natural para esparcir viralmente un mensaje, y la intención de estas dos agencias fue impactar a bloggers destacados para que se genere un poco de eco (influenciar al influyente, dice Peluka), no son para nada acciones de marketing viral per se. Son campañas de PR y punto. En vez de mandar un press release a la redacción de un diario, mandaron un paquete/mensaje a la casa de un grupo de bloggers.

    El comercial del que más se habló mundialmente durante el 2004, no salió en TV abierta, ni de cable, ni ningún medio tradicional. No fue armado por una agencia, ni pedido por ningún cliente. Fue el del talibán en el VW Polo, que trata de hacerlo explotar frente a un café, sólo para descubrir que el Polo es «pequeño, pero fuerte». Ese ad, que según todas las fuentes no estaba hecho para consumo público, resultó el anuncio más recordado, más reenviado y más rechazado del 2004 (el extremo del rechazo también es bueno, lo malo es el gris del medio). Le consiguió trabajo a sus autores y se ganó el puesto en el podio de los virus por voto popular.

    Cuando se sigue el proceso creativo standard de una agencia, y se pasa por los filtros típicos (CMA: cover my ass) del cliente, en general se obtiene un resultado blando que no despierta admiración, ni ganas de comentarlo. Por eso los mejores ejemplos de acciones virales suelen ser bastante poco evidentes.

    Hugh MacLeod con sus cartoons es un GRAN ejemplo. Medio mundo los pone en su blog, muchos prestamos atención a sus posts y creemos acertado lo que dice, tanto que citamos y linkeamos repetidamente a Gapingvoid. Qué hace el tipo? Se sienta todos los días a dibujar una bomba ácida, y experimenta con el marketing para despuees contarnos sus conclusiones. Su secreto? Lo hace muy bien, lo hace con humor y con sustancia, tanto que da gusto mostrárselo a otra gente.

    La pregunta clave para hacer la próxima vez que escuches «Hagamos un viral!», y que te va a ayudar a evitarte la furia de los Julianes del mundo es: Qué le vas a contar a tus amigos cuando los veas en el bar esta noche?

    – Que preparaste un video malo a propósito, para que algunos incautos se crean que fue hecho por humanos y repitan tu mantra inadvertidamente, mientras que desde los blogs se oyen risitas ahogadas?
    – O que tuvieron una idea espectacular, que recompensa a los que participen en distribuírla sin esfuerzo, que funciona ya sean muy pocos o una horda quienes participen, con guiños que resultan simpáticos sin resultar forzados, que puede funcionar en varios medios en simultáneo y sin montañas de costos de producción? (toooda la lista de «condiciones» tiene una razón de ser)

      Hay una tercera opción, podrías contarles que por fin convenciste a la vecina para que salgan a cenar, pero eso en internet no genera debate.

      Cómo enseñar historia

      Durante toda mi vida leí como un poseído. Leí a Salgari con hambre de batallas y heroísmo. Sandokan declarando la guerra a todo el imperio británico para vengar la muerte de su amada Mariana.

      Luego seguí con los corsarios, pero en el Caribe, tratando de seguir a Bouchard (el corsario argentino!), Morgan, el Corsario Negro y otros valientes por la miríada de islas donde se perdían, buscando puerto seguro. Como en el libro, en noches cerradas fui testigo del sitio de Maracaibo, mientras Carmaux y el hamburgués Wan Stiller disparaban balas encadenadas que arrasaban los puentes de los barcos enemigos.

      Leía con fruición, con gusto. Cada descubrimiento abría un mundo insospechado. Cuando fue el turno de Wilbur Smith, aprendí del África profunda, de la historia salvaje y de las guerras por la libertad. Aprendí que shasa quiere decir decir agua buena en alguno de los dialectos de los pigmeos del Kalahari. Entendí por qué Rhodesia dejó de llamarse así. Yo estaba vivo cuando eso pasó y en mi casa había mapas que nombraban a Rhodesia, mientras que los más nuevos mostraban un nuevo país, Zimbabwe.

      Mi tío Néstor y mi abuelo Luis tenían colecciones de libros sobre la segunda guerra mundial que devoré más tarde. «Cuando gritan las águilas» era el recuento los preparativos y acciones del Día D, en pluma de uno de los paracaidistas yankees que se la jugaron en Normandía.

      Todo esto ocurrió antes de mis 12 años. Leí todos y cada uno de los libros que había en mi casa un par de veces al menos. Mis favoritos, no menos de ocho. Ni la Biblia se salvó, aunque tampoco ayudó mucho.

      Y, curioso natural, también leía los libros de la escuela apenas los compraba. Libros de historia, biología, geografía, etc., todos resultaban devorados enre los últimos días de marzo y los primeros de abril.

      El viernes ví 300, la película que cuenta una versión de la historia de la batalla de las Termópilas. Y la cuenta TAN bien, que jamás voy a olvidar quién fue Leónidas, aunque el recuento de bajas y la estética no hayan sido «las correctas».

      Quisiera que alguien enseñara así la historia, y todas las demás ciencias. Que en este mundo de infinidad de estímulos simultáneos, 3D, caos y distracción, entiendan que las letanías de nombres y fechas, las listas de afluentes de los ríos y los componentes invisibles de las células, se merecen que alguien cuente mejor su historia.

      Hoy sé más sobre la colonización de África que sobre las causas y consecuencias de la Guerra del Paraguay. Adivina cuál trataron de hacer que memorice.

      La sencilla receta para que Microsoft mate a Google

      BillG eyeing Google?Visto en The Reluctant Blogger, de Paul Byant: Microsoft puede ocasionar un fuerte impacto en la principal vía de ingresos de Google (creo que el 60% de sus ingresos se generan vía publicidad / AdSense / AdWords), si Microsoft desarrollara o comprara un software que permita bloquear la publicidad en Internet Explorer y Firefox, al estilo de los varios plugins que se pueden usar en Firefox, como Adblock.

      Para equilibrar un poco las cosas, también debería bloquear la publicidad de portales como MSN, pero para MS ese es un problema menor.

      El soft se puede instalar como una actualización urgente de Windows Update, y aunque tuviera mecanismos para desactivarse temporaria o permanentemente, el 95% de la gente lo usaría con la configuración original, sin meterse en detalles.

      Claro, esto le ocasionaría un enorme juicio a Microsoft, pero dime si no es algo a lo que ya están acostumbrados.

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