Llevo un rato largo pensando un buen título para este post, y el que acabé poniendo es definitivamente malo.

Quizás la razón de la dificultad radica en un meticuloso adoctrinamiento latinoamericano judeo-cristiano que todavía hace ruido en el fondo de mi cabeza cuando estoy a punto de escribir algo que probablemente pueda ser interpretado como “mala onda” o algún eufemismo adolescentón por el estilo.

La cosa es que Yoani Sánchez y su interminable historia de martirio a manos del régimen cubano, me tienen harto, cansado de ver cómo el mundillo intelectualoide internetero la asume una heroína sin un ápice de escepticismo, el cual reservan para todo otro personaje que se les cruce en el camino, incluso Gandalf.

Seamos claros, Yoani vive en un “país de mierda”. Términos que uno se reserva para el propio y un puñado de otros países donde uno no viviría ni loco, que en general engloba a Haití, Myanmar, Rwanda y por supuesto a Cuba, un lugar que lleva unos 60 años de constante decadencia y desconexión con el mundo exterior, financiado por regímenes absolutamente contrarios a la moral y buenas costumbres de los guionistas hollywoodenses, no dudamos en reprobar cualquier cosa que nos indiquen rechazar sobre su gobierno, sus condiciones de vida, etc.

Sobre esta cosmovisión, la Sánchez forjó una imagen cincelada a la medida del descerebrado twittero promedio, hambriento de épica en 140 caracteres: ella “cuenta verdades” sobre Cuba en un blog “que mantiene gracias a la ayuda de mucha gente y traductores voluntarios” a pesar de innumerables intentos de callarla por parte del régimen.

W-O-W, ¡de película! Falta tomarse fotos montada en un dragón con un estandarte con la imagen del Che Guevara crucificado cabeza abajo, ¡y hasta tendría un altar en 4chan!

La realidad detrás de todo esto es que -mientras sigo afirmando que vivir en Cuba debe ser bastante desagradable en la medida que las condiciones se siguen deteriorando- el régimen cubano, autor de incontables otras atrocidades, no le toca un pelo.

Habiendo casos serios y documentados de asesinatos de periodistas y activistas opositores, además de los conocidos presos políticos que reaparecen en medios cuando lanzan una huelga de hambre, el recuento de los “acosos” sufridos por Sánchez se puede resumir en algunas demoras para que llegue tarde a mitines no autorizados. Si todo esto ocurriera en México, estaría dispuesto a creer que es la pariente incómoda de un senador, que jode pero es intocable. Como los hijos drogones de los gobernadores que cada tanto se nos aparecen en Facebook pachangueando en Las Vegas con el avión estatal.

Tampoco es que le desee un daño o prisión, sino que sospecho que al régimen cubano sus desvaríos semi-poéticos, sus apelaciones con pretensión de convertirse en canción, no le hacen mucho. Y la dejan ser. Esos 15 minutos de fama ya tienen demasiados años corriendo (perdón, algo tenía que hacer con el título).

La última vez que la ví en video, fue en un evento en Madrid. En el video contaba cómo no la habían dejado salir de la isla. El mismo régimen que no deja salir casi a nadie sin permiso, y a muy pocos con, no se sentía inclinado a hacerle la vida amable a una hereje anti-revolución.

Entonces se quedó. No se agarró una balsa como hacen miles de otros cubanos que quieren probar suerte en otras tierras. Tampoco agarró un fusil, como ya hicieron los que todavía están en el poder. Agarró un teclado, y posteó un desvarío semi-arengador, semi-voy-por-el-premio-Alfaguara. Justiiiito para la fauna que le hace caso y la idolatra, su acto de resistencia, en lugar de heroico, fue linkeable.

Chicos, crezcan. Entre Yoani y Juana de Arco hay un idem. Enorme.