Tu derecho a no ser escandalizado

Tu derecho a no ser escandalizado no existe.

Philip Pullman publicó un libro llamado “El buen Jesús y Cristo el villano” (traducción libre, aunque scoundrel me suena mejor traducido como “sabandija”), donde reescribe la historia del Nuevo Testamento pintando en dos colores al personaje de Jesús: incialmente un tipo afable y empático, preocupado por sus semejantes se convierte en un Cristo atento a la posteridad y enfocado en la organización de su herencia, la Iglesia. De un civil cualquiera a un miserable candidato a Senador de nuestro tiempo.

En una de las presentaciones del autor en Oxford, uno de los asistentes se muestra ofendido y escandalizado por el título de la obra (resaltados míos):

Pregunta:

El título de la novela resulta ofensivo para un cristiano ordinario. Llamar “villano” al hijo de Dios es algo horrible. Es escandaloso. Se trata del hijo de Dios, llamar a Cristo un villano es espantoso.

Respuesta:

Sí, es escandaloso, y sabía que era una cuestión shockeante. Pero nadie tiene el derecho de vivir sin ser shockeado. Nadie tiene derecho a vivir su vida sin resultar escandalizado por alguna cosa.

Nadie DEBE leer este libro. Nadie necesita tomarlo del estante. Nadie tiene la obligación de abrirlo. No necesitas leerlo y tampoco es obligación que te guste. Y si lo lees y no te gusta, no tienes por qué quedarte callado. Puedes escribirme, puedes quejarte sobre el libro. Puedes contactar al editor, escribir a los diarios, publicar tu propio libro. Puedes hacer todo eso, y ahí es donde tus derechos se acaban.

Nadie tiene el derecho o la atribución de detener al escritor. Nadie tiene la prerrogativa de detener su publicación, venta, compra o lectura.

Y eso es todo lo que tengo para decir sobre esto.

El video del intercambio:

Lo encontré en SvN.

Lo que cambia es la ley, estúpido

Por estos días se habla mucho de algunas decisiones judiciales que atentan contra el sentido común, las libertades personales y las habilidades básicas para interpretar contextos.

Los nativos digitales (cualquier término mejor será bienvenido), sabemos íntimamente -visceralmente- que este panorama va a cambiar. Creemos que algún día las grandes empresas de medios, sus organizaciones “de industria” y todos los parásitos que gravitan a su alrededor, se van a despertar y descubrirán que la gente: sus clientes, su “audiencia”, fans o como quieran llamarlos, necesitan un diferente producto, el que vienen reclamando desde hace tiempo.

Todos los esfuerzos que actualmente están financiando entidades como la RIAA, MPAA y SGAE para modificar las leyes de múltiples países, crear impuestos a la copia presunta y cagarse en los intereses de sus propios clientes, están por enfrentar una dura realidad: en el corto plazo, la ley prevalece sobre la cultura, pero en el largo plazo, la cultura prevalece sobre la ley. Cuando la voluntad de la gente y las estructuras legales difieren fuertemente por un plazo largo de tiempo, al menos en democracia, es la ley la que cambia*.

Así como los músculos que no se usan, se atrofian, los derechos que no se protegen se pierden; no por estructuras jurídicas inflexibles, sino por la renuncia a luchar por el cambio.

Tenemos que defender nuestros derechos, reclamar la protección de nuestra privacidad y moldear al mundo tal como lo queremos. Las leyes, las empresas, los grupos de poder sabrán acomodarse a ello. Es mucho mejor (y fácil!) adoptar un mercado que crece, que cercar el acceso a un pozo seco.

* Clay Shirky en Authors@Google.