La única iglesia

Hoy en minid.net leí una frase que mi hermano tiene garabateada en la pared de su habitación:

«La única iglesia que ilumina es la que arde»

Hay tanto de cierto -al menos para mí- en esa frase, como de exuberancia activista-estudiantil. Hordas de zurditos desvelados que se devanan los sesos ideando nuevas formas de derrotar al sistema que les da de comer y los acoge alegremente cuando un día se despiertan y descubren que su tema favorito suena en el elevador.

Todavía se despiertan en mí esas llamaradas cuando escucho o leo expresiones de fanatismo religioso. Me sorprende y asquea encontrarme hoy con metodologías de control de masas pergeñadas en el siglo 5.

La jihad de Bush, la de Osama, la de Olmert, las de todos los que enarbolan la bandera religiosa para soltar bombas, ruegan por que alguien se despierte y pregunte algo. No importa qué, algo.

Una sencilla pregunta es lo peor que le puede pasar a un dogma. Es lo peor que le puede pasar a un fanático.

Lo único que habría que preguntar, y sí, estoy siendo simplista, es: «¿Alguien me puede repetir por qué estamos haciendo esto?»

Continue reading

Inesperado amor brasileiro

Brasil es un país fascinante. Un mundo exótico, musical, peligroso, pobre, seductor, sonriente y exuberante.

Siempre me gustó, siempre que visité alguno de sus rincones me sentí de maravillas. El portugués y su música me seducen y no dudo que algún día lo voy a poder hablar con soltura.

Dentro de este interés por «all things brazilian» (o debería decir «tudo brasileiro»?), Oscar Niemeyer, el gran arquitecto, capturó mi atención más de una vez.

La extraordinaria historia de crear una ciudad en ninguna parte, las obras de Niemeyer en Europa y Gilberto Gil tarareando la melodía que le sugerían los arcos del edificio de la Suprema Corte de Justicia en Brasilia, quedaron grabados en mi memoria, junto con un documental que ví en A&E Mundo, matizada con entrevistas, donde él recita un poema de líneas tan puras como el plano de una de sus obras.

Hace rato que quería ubicar el texto, y lo encontré en Editorial Moderna:

O arquiteto Oscar Niemeyer, em seu livro As curvas do tempo – memórias, também expressa seu amor pelo Brasil.

«Sentia-me longe de tudo. [O arquiteto estava na Argélia]. De minha família, dos amigos, das montanhas, mares e praias do meu país. Precisava voltar. Certo dia, não sei por que, esse afastamento me pareceu mais doloroso. E escrevi estes versos que preguei na parede do nosso escritório:»

Estou longe de tudo
de tudo que gosto,
dessa terra tão linda
que me viu nascer.
Um dia eu me queimo,
meto o pé na estrada,
é aí, no Brasil,
que eu quero viver.
Cada um no seu canto,
cada um no seu teto,
a brincar com os amigos,
vendo o tempo correr.
Quero olhar as estrelas,
quero sentir a vida,
é aí, no Brasil,
que eu quero viver.
Estou puto da vida,
esta gripe não passa,
de ouvir tanta besteira
não me posso conter.
Um dia me queimo,
e largo isso tudo,
é aí, no Brasil,
que eu quero viver.
Isto aqui não me serve,
não me serve de nada,
a decisão está tomada,
ninguém vai me deter.
Que se foda o trabalho,
e este mundo de merda,
é aí, no Brasil,
que eu quero viver.

Fonte: NIEMEYER, Oscar. As curvas do tempo – memórias. Rio de Janeiro, Editora Revan, 1999.

Increíbles felicidades que traen las más pequeñas cosas.

¿Sana? envidia

A veces uno se encuenta con ráfagas de sabiduría. Frases, expresiones, altivez, cinismo y otras muestras de altura intelectual que a uno le gustaría adoptar, y como tal no deja de repetirlas, hasta que parezcan propias.

Acá va una frase con alta probabilidad de fundirse en mi vocabulario diario:

«Better sleep with a sober cannibal than a drunken christian.»

–Herman Melville

Robado de AntediluvianGreg.

Otra vez Wilde

Twenty years of romance make a woman look like a ruin; but twenty years of marriage make her something like a public building.

–Oscar Wilde

Robado de Slashdot.

No he leído mucho de OW, pero ya estoy pensando que debería.