Necesitaba una aspiradora.

Como es un producto prácticamente indistinguible, decidí que el mejor precio ganaba, y después de visitar un par de lugares, aterricé en una sucursal de tiendas Viana cerca de mi casa.

Entré y dije “Buenas tardes, quiero esta aspiradora”, pensando que era lo mejor que podía pasarle a un vendedor.

Domingo a las 5 de la tarde, había unos 12 empleados en la tienda, tonteando entre ellos, pasando el rato hasta que llegara la hora del cierre. Me atendió el que no sabía qué accesorios traía la maldita aspiradora.

-”No importa, yo ya sé qué trae, la quiero comprar”.
-”Venga que lo registro”.
-”Para qué? Nada más cóbreme”.
-”No puedo, para vender tengo que registrarlo”.
-”Te voy a dar información falsa” (mi tarjeta de débito no tiene mi nombre impreso, como es standard en BBVA Bancomer, que no es el banco ideal, pero me ha ido bien con ellos).
-”OK, no hay problema”.
-”Germán Cáceres”.
-”Sr. German Caseros”.
-”(Dirección de la Casa de Gobierno)”.
-”Teléfono?”.
-”No tengo”.

Después de ese diálogo bizarro, me piden la tarjeta de débito y “una identificación”. Nada de eso.

Firmo el voucher de la tarjeta. Uno pensaría “Listo, la puta aspiradora es mía. Lo único que me falta es caminar las 4 cuadras hasta mi casa acarreándola, lo cual va a ser bastante más agradable que todo esto”.

Nada de eso.

-”Vaya allá con este ticket”.
-”Ahora SUBA al primer piso, que está la caja”.
-”Pero ya pagué”.
-”Es para la factura”.
-”No necesito”.
-”Suba”.

Subo. Otros 3 empleados echados en un escritorio. “No, acá no es, la caja es más allá”.

-”Me dijeron que suba”.
-”Su nombre?”
-”Germán Caseros” (soy memorioso, y además era el único imbécil atrapado en ese laberinto de colchones y cocinas).
-”Acá tiene”.
-”Y mi aspiradora?”
-”Se la entregan abajo”.

Seguro que tu madre y tu hermana también se entregan abajo.

Me vuelvo a encontrar con el chiquillo que me atendió. “Hey, para esto -sacudiendo el papelito- me hiciste subir? Muden la caja o busquen Uds. los papeles, esto está mal.”. “Es que yo estaba buscando la aspiradora”. “Pero son 15!!! nadie está haciendo NADA!!!”. “Jijiji”.

-”Esta es la aspiradora”.
-”OK, ya”.
-”Le sello la garantía, Ud. vaya a firmar allá, que le entregamos. Este es su número de cliente, así CUANDO VUELVE, no se vuelve a registrar”.

No se movió una molécula de mi cuerpo para agarrar el papelito garabateado con un número de 10 dígitos y “Germán Caseros” escrito.

Viana es una cadena de tiendas dirigida a segmentos medios-bajos y bajos en la escala de poder adquisitivo. Por eso es que no quise registrarme en ninguna parte. No, no es porque soy demasiado cool como para estar en esa base de datos, sino porque en general los esfuerzos de marketing de estas empresas son irrelevantes para mí, y prefiero no recibir libritos de ofertas, ni invitaciones a sorteos de tickets para shows de música ranchera o de cumbia.

Por otra parte, supongo que alguna de las luminarias de la empresa (sospecho que además de inútil, será pariente del dueño) leyó que la compra por impulso era más posible si uno hacía pasear a las masas asalariadas por un local lleno de ofertas. Entonces pusieron la caja en el piso de arriba. Brillante, luminaria, ojalá pronto te operen de hemorroides y te den muchos ataques de tos en tu convalecencia.

Ya sé, el 99% de la culpa es mía, por haber entrado a semejante antesala del infierno. Pero bueh, está en mí, yo suelo hacer eso.