Alguien tiene que hacerse el disidente. Voy.

Por alguna misteriosa causa (misteriosa para mí, porque a ustedes no debería importarles), me da mucha flojera scrollear p’abajo en Google+.

Debe ser herencia de mi modo de consumir Twitter con Seesmic Web, que actualiza arriba y los mensajes cortos pueden aparecer de a 6 o 7 en cada columna, con lo que de un vistazo me cae una buena cantidad de contenido al coco.

La cosa es que acá me encuentro con una versión -ampliamente mejorada, dirán algunos- del “muro” de Facebook, donde no hay gran cosa que HACER, más allá de leer, masunear o compartir alguna pendejada. Exactamente como Facebook.

Me voy para abajo y me encuentro una serie de comentarios más o menos meditados de un montón de gente -que YO elegí seguir, lo tengo claro- más una serie de comentarios de absolutos desconocidos, por los cuales no estoy dispuesto a dar un rat’s ass, así sea para salvarles la vida.

Entonces viene la pregunta inevitable: estamos mejor acá? de verdad?

Al menos en Facebook aparecen los cumpleaños y uno cree que soltando una frase a las apuradas se cultiva una relación.

De mi rápido y desganado análisis obtengo 2 conclusiones: o G+ se empieza a parecer más a Facebook, con la sarta de estupideces que hacen de Facebook una porción tan chica de mi actividad online, o me siento a esperar la próxima iteración. Falta que alguien encuentre una forma nueva de vivir la red, como lo fue Twitter en su momento.

A principios del siglo 20, alguien relacionado a la fabricación de autos dijo “si hacemos caso a lo que la gente quiere, venderíamos caballos más rápidos”. De verdad lo MEJOR que hay para cambiar la manera como uno vive sus relaciones en, a través y gracias a internet es “Facebook, pero mejor”?

Poner gente en círculos y seleccionar con quién comparto algo, es un salto geométrico en la calidad de la experiencia? Que haya 700 millones de usuarios del “malo” Facebook no indica que a la gente no le importa, y si les importara, pocos serían capaces de entender la diferencia?