Treinta y cinco

Después de la última vez que saqué la cuenta, pasaron muchas cosas.

Los amigos siguen, y se sumaron algunos nuevos.

La arrogante presunción de saber qué quiero permanece intacta.

Reuní más historias para contar, y ninguna para callar.

Sigo con el ancla inquieta.

La mujer que por aquellos años dormía conmigo, ahora es mi esposa. En el camino aprendí que sí hay una diferencia.

La empresa que me desvelaba, ya no. Ahora me desvelan cosas más íntimas, mías, nuestras. Y hago bien.

Tengo treintaycinco. Se dice rápido, se piensa en calma.