A 25 años de Tiananmen

Dice un tango que veinte años no es nada. Dice un aforismo que la juventud es una enfermedad que solo el tiempo cura. Dicen que viajando se fortalece el corazón

Hace 25 años el gobierno chino masacró a más de 2600 estudiantes, para acallar sus pedidos de democracia. Parece una eternidad. Hace 25 años que “Tank Man” detuvo toda una columna de tanques con dos bolsas de supermercado.

Tan poco sabemos de esa época y esas latitudes, y tan efectivo ha sido el aparato estatal chino para desmenuzar el recuento de los hechos, que solo tenemos una foto de ese incidente y más tarde se publicó su versión amplia, que muestra la marea de tanques que mandó Deng Xiaoping para explicarle a los estudiantes que la democracia es de esos vicios occidentales que no van bien con las tradiciones milenarias chinas.

Vista amplia de Tank Man, el ícono de las protestas de la plaza Tiananmen

Vista amplia de Tank Man, el ícono de las protestas de la plaza Tiananmen, por Stuart Franklin

Me admira esa energía irrefrenable que enciende a los estudiantes generación tras generación. Desde La Bastilla hacia adelante, los movimientos revolucionarios han sido “cosa de jóvenes”. Desbocados idealistas que chocan contra cualquier poder, casi siempre sin plan ni método. Me duele que casi siempre pierdan, pero es cierto que una cierta estabilidad se agradece.

El Bloody Sunday en Trafalgar Square, el Mayo Francés en la plaza de la Sorbona, los chinos en Tiananmen, mexicanos en Tlatelolco, egipcios en Tahrir, los turcos en Taksim. Parece no haber freno a la energía joven que no acepta barreras artificiales. Mientras ellos tengan banderas que levantar, el mundo será gradualmente un mejor mundo.

Y que nadie se queje de la explosión demográfica, que 20 años no es nada y quizás esté naciendo la generación que por fin nos libere del todo.

El poder de uno

Lo voy a llamar César, porque seguro tiene nombre.

César tuvo un mal día, quizás no el primero en la semana. La cereza del pastel fue este grupo de fulanos que por alguna causa se le montaron en el radar, y decidió que había llegado al límite. Quizás uno se hizo el loco en la fila, o querían pasar con demasiados bolsos de mano. Sea lo que sea, algo despertó un “Se acabó, a este me lo chingo” en su cerebro.

César hizo lo único que su limitado poder le permite: tú no vuelas hoy. La letra chica de cualquier “acuerdo de servicios” de aerolínea contiene suficiente margen como para que nadie vuele nunca. Por los tatuajes, o por la falta de higiene bucal, te quedas en tierra, papacito.

Los panteones se quejaron, llamaron a la Policía Federal y volaron, no sin antes armar revuelo en cuanta red social tuvieron a su alcance. Gracias a eso, ayer varios ejecutivos de la aerolínea tuvieron que dedicarle tiempo a “una bomba explotando en redes sociales”, como dijo alguien en una reunión. De paso, necesitan algo de ayuda en delegación de responsabilidad y gestión de crisis.

Ríos de pixels se escribieron en cuanto medio anduviera pescando noticias en una tarde lenta. Tuvieron que salir a decir, con esa voz impersonal, plastificada, de “marca”, que se iban a poner a investigar qué pasó. Quizás César se quede sin trabajo.

No fue TODA INTERJET conspirando contra los tatuados del mundo*. Fue César, en un mal día. Hastiado, enojado por algo, según ellos perpetró un error de criterio. Piensa en esto la próxima vez que creas que poner en tu bio de Twitter “estas son mis opiniones y no reflejan lo que piensa mi empleador” sirve para algo.

* Pero por supuesto, ese empleado en ese momento es toda Interjet.

He visto a las mejores mentes de mi generación…

…ir a trabajar en optimizar las ganancias derivadas de banners publicitarios en Internet.

Una de las críticas recurrentes que se le hacen a Silicon Valley tiene que ver con la aparente superficialidad de sus actores. Suscribo en parte. Si comparamos rápido, mientras que entre los ’60 y ’80 los avances que surgieron de SV florecieron en torno al hardware y la miniaturización, posibilitando la aparición de la PC y luego haciéndola usable por gente no entrenada vía interfaces inteligentes y software destinado al usuario hogareño, la última generación de emprendedores que habita el Valley parece menos preocupada por resolver los-grandes-problemas-del-mundo y los podemos ver atraídos hacia temas que parecen banales en comparación.

Centenas de millones de personas no tienen acceso a agua potable, pero si se compraran un smartphone podrían usar Uber. La evidencia disponible sobre el calentamiento global sobrepasa cualquier medida, pero capeamos los días de lluvia con Candy Crush.

Mariano Amartino repitió durante mucho tiempo la primera línea de este post. Durante años la “industria” de la publicidad en Internet trabajó para extraer mayor valor de cada par de ojos que se pasea por la red. La cantidad de tecnología en forma de algoritmos, estadística, inteligencia y finanzas que hay detrás de los sistemas publicitarios de Google, Facebook y amigos, comprende el trabajo de hordas de científicos que logran mover millones de dólares en las milésimas de segundo que se posan tus ojos en un anuncio puesto en cualquier página web.

Le tengo malas noticias. Si eso parecía poco loable frente a los desafíos disponibles, ahora tenemos un nuevo límite inferior: Silicon Valley quiere tener voz y voto en el negocio de la marihuana, ahora que en USA se mueven hacia la legalización.

Mientras tanto, seguimos midiendo hasta dónde va a llegar el agua del mar cuando se derritan los polos.

Pero ¿quién soy yo para definir qué hacer primero?

Sobre startups, buzzwords, incubadoras y optimismo

Y no necesariamente en ese orden.

El jueves pasado publiqué un artículo en ALT1040 donde doy un vistazo al panorama emprendedor tecnológico de México. Fui bastante duro en algunas apreciaciones, generalicé bastante en todas, pero estoy contento con las reacciones que desperté, 99% de acuerdo en todo o parte, 100% de acuerdo en que son temas que hay que tocar para que no se nos pierda de vista que falta mucho todavía.

De todas las respuestas, la más extensa y meditada fue la de Eme Morato en StartupBuzz.la, donde recorre más o menos en orden las ideas que expresé, cosa que ni yo hice mientras escribía. Voy a tratar de responder a lo que me parece impreciso y seguro me voy a desviar, pero en general coincido con todas sus propuestas, así que mejor ir a leerlo y regresar.

¡Soy optimista!

Es lo primero que quiero aclarar. Creo a ciegas en el tremendo potencial de México para convertirse en un polo tecnológico y de innovación. Mi postura “negativa” es hacia el sistema educativo y el entorno cultural actual de México: quien quiera convertirse en un líder de pensamiento e innovación, deberá hacerlo A PESAR de la educación que él y sus padres recibieron. En México hay humanos con un potencial infinito, como en el resto del mundo. También hay condiciones económicas que pueden colaborar con la concreción de ese potencial, a la par que el entorno cultural y educativo conspiran activamente en contra de ello, como otras veces intenté hacerlo notar.

Si me preocupo por las condiciones actuales es porque el futuro también me entusiasma y quisiera ver un camino más claro, vía la unión de fuerzas oficiales y privadas para allanar ese camino.

¡Y hay un montón de talento!

Ser la economía número 13 o 14 del mundo según a quién le pregunten, no ocurre en un vacío. Mucho de eso está atado al petróleo o la manufactura y el comercio exterior, pero sería miope pensar que no hay “derrama” de esos talentos de producción, management y otras áreas de negocio hacia el resto de la economía.

Lo que ocurre, al margen del porcentaje marginal de gente que sale top of the class de una universidad elitesca, con un par de cursos o intercambios en otros países, es que es tan grande el porcentaje de talento incompleto del que hablo en el artículo original, que afecta negativamente el desarrollo del potencial innovador tecnológico conjunto de la economía.

Esto viene de múltiples experiencias vistas y vividas en las empresas que participé: las referencias culturales “generales” tienen influencia en las estructuras de pensamiento y pueden ser decisivas en la capacidad de interacción de un individuo, complementando o disminuyendo su capacidad de desarrollar tareas complejas de manera autónoma y de trabajo en equipo. Piensa en ello la próxima vez que te preguntes “¿Por qué tengo que estar explicando algo tan básico, en primer lugar?” como yo lo estoy haciendo en este instante.

Di NO a Lean Startup como sustituto de un cerebro

Lean Startup, para quien no conoce el tema, es una tecno-religión cuyo postulado más visible es que al momento de conformar una startup y su oferta, en lugar de quemar toda la energía disponible en un solo disparo (por ejemplo encerrándose 6 meses a desarrollar software antes de lanzarlo), hay que ir dando pasos más pequeños y manejables, testeando cada avance contra un hipotético mercado, para asegurarse que no se está incendiando dinero ni energía. Como diría cualquier abuelo: en resumen, no ser un imbécil con el dinero,  tiempo y esfuerzo de los socios.

Es claro que guías como LS sirven y allanan algunas porciones del camino, pero los humanos se radicalizan y comienzan a rezarle a San Eric Ries como si fuera la respuesta a todas las preguntas, hechas o no. Tengo varias observaciones sobre esto:

  • Tiendo a desconfiar de los que proponen recetas mágicas para empresas, y viven de los libros y presentaciones que dan. Mejor habla de lo que haces, no de lo que crees saber. Prefiero correr el riesgo de equivocarme alguna vez, antes que resignar este principio.
  • Aunque Morato está 100% en lo cierto: es la aplicación del método científico a la decisión de desarrollar una aplicación con determinadas funciones o no, eso suena grandilocuente. Lo llamemos compendio de sentido común, y reconozcamos que Dale Carnegie ya ganó el premio a las obviedades impresas diciendo “si quiere relacionarse mejor con los humanos, apréndase el nombre de su interlocutor”.
  • Este tipo de cosas  son “muletas” artificiales que se vuelven redundantes cuando se eleva el nivel de educación promedio del mercado. Si a cada persona que quiere poner un negocio le tienes que explicar que no tiene que ser idiota con el dinero, hay un problema a largo plazo en toda la economía.
  • Cuenta la leyenda que cuando hacían la investigación de mercado que regiría la comunicación de la línea de faxes de Xerox, la respuesta unánime fue que nadie quería mandar cartas por teléfono. Henry Ford dicequedijo “Si le preguntas a la gente qué quiere, te responderán que un caballo más rápido.” Yo sigo sin querer que fotos mías reciban likes de ex-compañeras de escuela de mi esposa, pero ahí está Facebook. Hay ideas que resisten todo intento de exploración con el público, mientras que hay otras imposibles de redimir, no importa la cantidad de iteraciones que intentes.
  • Supongamos que después de varios ciclos de ensayo y error, se llega a la conclusión que no había un negocio viable atrás de las intuiciones de los emprendedores. La lógica dicta que uno guarda los instrumentos, regresa a cero, piensa en otra cosa y, si la energía subsiste, comienza de nuevo. El mensaje que más veces escuché en los últimos años es “¡PIVOTEA!”, que es un anglicismo usado para “Haz otra cosa, no te salgas de la vorágine, sigue en el juego, aunque tu primer intento se desmoronó hace 5 minutos, ya que tienes la boca abierta grita algo y cambiemos de rumbo.”
    • Entonces terminas haciendo el enorme esfuerzo y sacrificio personal que implica montar un negocio de cualquier tipo, para algo que no estaba en tus intereses originales. Un proyecto que comienza para hacerle la vida fácil a los dueños de iguanas se transforma para proveer estadísticas a laboratorios de productos veterinarios, o algo peor. Soul sucking.
    • Según quienes emiten la mayor cantidad de loas a los proyectos pivoteantes, la presión para pivotear viene de quienes ya tienen dinero puesto en el proyecto, llámese incubadora o inversor ángel: “Qué bien que no incendiaron la plata en esa idea fumada, ahora vayan a armar algo con mejores perspectivas de darme un exit.”

Endeudarse vía inversión externa

Una de las ventajas de tener 21 años de experiencia en el mercado es que mucha gente intuye que sabes de qué hablas, pero ese no fue el caso de la explicación sobre cómo las incubadoras no dan un préstamo, sino es una inversión en toda regla, etc.

Vamos paso a paso, porque  parece que falta un refresher. Además, me gustaron los bullets del apartado anterior.

  • Las incubadoras, aceleradoras y fondos de capital de riesgo son intermediarios financieros en general (hay excepciones). Reciben dinero de varias fuentes, con el mandato de invertirlo en proyectos de alto potencial de crecimiento y eso es equivalente a alto riesgo.
  • Por el momento de inversión y lo volátil del valor futuro, compran un porcentaje de la compañía muy barato. Digamos 10% por USD 20,000.
  • Cuando 3 años después la empresa explotó y se vende por USD 10,000,000, les debes USD 1,000,000 por su 10% de acciones (dejando de lado dilución y otros matices de la vida accionaria).

De lo que se desprenden algunas conclusiones:

  • Primero, por su condición de intermediarios financieros, tienen su propio conjunto de motivaciones, que no siempre coincide con los de sus incubados. Ejemplo: 500Startups cobra USD 6,000 por fundador por empresa y USD 3,000 por no-fundador, y si estás en NYC te cobran renta mensual por la oficina. Toma esta plata, creemos en tí, acá está la factura por nuestros servicios de incubación, nos debes USD 15,000 ya mismo. Sé de otra incubadora en el Cono Sur que formatea sus “term sheets” de manera que la inversión es efectivamente un crédito de condiciones más o menos duras. Te vaya como te vaya, les debes dinero desde el día 1.
  • Segundo: al momento de entrar en un proceso de incubación, el espíritu general es “Tienen una buena idea, la exploremos. Renuncien a sus trabajos y tomen esta plata para pagarse un sueldo básico así se concentran 100% en desarrollar el software/servicio/negocio. Mientras lo hacen, nosotros traemos a gente sabia para que los oriente y les organizamos la presentación en sociedad cuando estén listos.” ¿Eso vale un millón de dólares? Es evidente que si la diferencia está entre existir y no existir, sí. Pero si tienes unos años de experiencia y algo de dinero ahorrado, ¿no prefieres quedarte con ese millón y juntar los 20,000 de “inversión” de otra manera?
  • Y si no logras dar en el clavo, ¿vas a ponerte a hacer otra cosa con tal de mantenerte dentro del “ruido”? (esto engancha con el “pivot”).

Resumiendo, todos estos inversores cumplen una función en el mercado y han sido cruciales para la existencia de empresas que hoy admiramos de una u otra manera. Pero no son el tío bonachón que te pasa un billete para que lleves a tu chica a un mejor restaurant. Son actores financieros, con férrea intención de producir un retorno, a quienes (por supuesto que no todos operan igual, pero como imagen-shock sirve) pasas a deberle un porcentaje del valor futuro de tu empresa, mientras que ellos te facturan hasta por el kilometraje del mouse, le cobran a los proveedores de fondos un porcentaje de lo que ejecuten y ganan una cantidad interesante de dinero aunque el valor global de los exits sea $0. Algo alejado de la definición de socio en mi diccionario.

Un comentario que recibí en el artículo original ilustra esta desconexión entre el discurso de amigotes y la realidad del comportamiento de las incubadoras/fondos: yo propongo un modelo de autofinanciamiento al final y Guillermo me responde “generaciones de hombres de negocios atras construyeron sus imperios asi, nuestra generación quiere aprender también con esta oportunidad enorme de los fondos en México.” Ergo: estos fondos están poniendo dinero para que yo, joven y entusiasta, me eduque. Mientras que yo podría disfrazarme de hippie y aplaudir que ese perverso dinero capitalista se consuma en educación de jóvenes con espíritu emprendedor, creo que hay mejores formas de adquirir el conocimiento que firmar contratos redactados por los abogados de ellos. Se mire por donde se mire, no es una relación equilibrada.

No todo lo que brilla es un cheque en blanco

Cuando escribí en 2010 que sobraba dinero, pero faltaban emprendedores con ideas claras y rentableshabía USD 400,000,000 disponibles para inversiones de riesgo en México y no sabían a quién dárselo. El que pone sumas de esa magnitud en el mercado, espera ejecutar las inversiones, porque de no hacerlo se tragaría un alto costo de oportunidad por tener el dinero inactivo (simplificando).

Hoy, gracias a esta “fiebre emprendedora” que nos ocupa, sospecho que hay muchas más receptoras de inversión que se dieron a conocer o surgieron para capturar oportunidades, y suponiendo que los inversores no huyeron despavoridos, digamos que la cifra disponible aumentó 25% a quinientosmillonesdedólares. Yo no tengo datos suficientes como para escribirlo en piedra, pero lo dejo acá: ¿a alguien le parece que en México hubo ese volumen de inversión de riesgo en startups en el último par de años? ¿No creen que se notaría bastante más? Cualquier dato será bienvenido.

Ya me voy

Morato describe bien mis intenciones en algún párrafo: es deseable que en México se desarrolle un ambiente favorable a los emprendimientos tecnológicos, para encauzar la energía y el talento actualmente disponibles en el mercado y generar más de ambos. Contamos con ejemplos como el de Silicon Valley para extraer ideas que nos sirvan y evitar las partes indeseables. No es necesario clonar el modelo, porque no somos clones de USA, ni de California, ni hicimos lo mismo en las 6 décadas de desarrollo de SV. Mi obsesión particular: que en el camino de armar esto no se nos olviden los cimientos educativos, que son una bomba de tiempo para las capacidades de innovación y desarrollo de negocios tecnológicos de México. Hagamos que nuestros jóvenes se desarrollen apoyados en un sistema que los favorece y amplifica, en lugar de uno que hay que sacarse de encima rápido para que no interrumpa la educación.

Ya está, no jodo más. Terminé escribiendo más que para el artículo original. Esto es lo que creo, no puedo escribir algo sin mi personalidad y preconceptos inmiscuyéndose entre el dedo y la tecla. Si le sirve a alguien, me alegro. Si me equivoco, hay espacio para responder abajo. Si opinas diferente, yo opino diferente y acá lo puse.

Superhumanos y superpoderes entre nosotros

A esta altura muchos conocen la historia de Rick y Dick Hoyt: padre e hijo que compiten en maratones y competencias IronMan de todo el mundo, uno de ellos en silla de ruedas (y en canoa, asiento especial en bici y lo que haga falta para llegar a la meta juntos).

Hace poco, una abuela centenaria saltó en paracaídas para festejar su cumpleaños 102 (no te pierdas la sonrisa a los 21 segundos):

Y ayer descubrí a Pascale Honore y Tyron Swan, dos personas que practican surf sobre dos piernas:

Mientras me secaba las lágrimas, recordé esta presentación en TED de Derek Sivers, donde postula que la única diferencia entre un orate solitario y el líder/iniciador de un movimiento, nace cuando el primer acólito se pone a seguirlo.

Parece desconectado con el tema de los videos anteriores, pero me parece esencial: lo único que necesitan todos para lograr cosas maravillosas, cosas que quienes no tenemos dificultades físicas consideramos difíciles e incluso inalcanzables, es a otro. No un ser supernatural, simplemente otra persona, con un poco de tiempo libre, y buena predisposición.

Pienso en esto mientras espero que mi hijo Lucca termine una sesión de rehabilitación física. No solo él me necesita, llevo casi dos años descubriendo que gracias a él yo crezco cada día.

Basta de mendigar tweets

En este momento tengo dos campañas dando vueltas por mi pantalla en Twitter: una busca que la gente use el hashtag #donounasopa para que Knorr Argentina done un plato de comida por cada uso al Banco de Alimentos de la ciudad de Rosario (ACLARACIÓN: Red Argentina de Bancos de Alimentos que integra a Bancos de Alimentos de todo el país, incluyendo el de Rosario); la otra busca que la gente mencione muchas, muchas, muchas veces a iZettle, una empresa de pagos electrónicos que llegó a México y aparentemente quiere darse a conocer regalando un iPad con un criterio medio arbitrario.

De iZettle ni voy a hablar, porque me parece tan patética como la oleada de estupideces que aparecen en Facebook y arrancan con “Yo sé que al 97% de mis contactos el cáncer de la tercera tetilla en la población de Senegal no le importa…”.  Y no, no nos importa.

¿Y si nadie #donaunasopa, qué pasa? ¿Knorr Argentina se guarda la plata? El Banco de Alimentos se queda sin fondos? ¿Por qué yo tengo que cargar YO con la presión de asegurarme que por lo menos UN plato de comida les voy a exprimir a esos hijos de puta que no son capaces de hacerlo motu proprio?

La respuesta que recibí cuando pregunté si no había mejores maneras de hacerlo fue “así todo el mundo hace un gestito para ayudar”, cosa que parece bienintencionada, pero sigue siendo árida en términos de esa sensación de responsabilidad compartida.

Tengo una idea mejor. Knorr Argentina es una empresa enorme, con ventas en millones de dólares anuales y presupuestos monumentales de publicidad, que nos han deleitado con canciones de Jorge Drexler y producciones emotivas que buscan establecer un lazo emocional entre el sodio y la audiencia.

Se me ocurre que Knorr podría usar su presencia en el retail y su poderío económico para establecer puntos de recepción de donaciones, donde cualquier persona puede ir y hacer una donación en dinero o especie al Banco de Alimentos, que será duplicada por Knorr. Usemos la capacidad de comunicación de la empresa para dar a conocer la campaña, en vez de anunciar que el packaging cambió de color y con un tercio de sal sus sopas saben igual. Usemos Twitter para difundir los puntos de recepción, pongamos fotos en Facebook de la gente donando, usemos Foursquare para que se vea dónde va más gente.

Algún día esto va a ocurrir, y el infarto no me lo cura nadie. Mientras tanto, no me obliguen a dejar de seguir gente porque creen que un hashtag o un puto retweet equivalen a HACER ALGO.

Regresar al primer amor

Me parece que es una cuestión de edad: uno se acomoda a las exigencias del mundo hasta que se siente en condiciones de reclamar que el mundo se acomode a uno.

Bárbara comenzó a escribir sobre negocios de nuevo. Yo me dediqué al hosting, como en el ’97.

Nos alejamos de nuestra pasión original por ese capitalismo olímpico que solo entiende el mundo en términos de Citius, Altius, Fortius y permea nuestra vida y nuestra experiencia del mundo. Nos alejamos de nuestra máxima capacidad de aporte cada vez que una empresa dice “Eres el mejor programador que tenemos, por eso a partir de ahora te harás cargo de los presupuestos, compras de equipos y reclutamiento de personal. ¡Felicidades!”.

Regresar al primer amor sólo causa sonrisas. Practíquelo.

Internet para todos, pero no en tu casa

Leí una nota en Animal Político, donde Ana Lilia Moreno expone las razones por las que el estado no es el proveedor ideal de acceso a Internet, en contra de las propuestas de un grupo de ciudadanos llamado -previsiblemente- Internet para todos.

Concuerdo en general con Ana Lilia, pero hay un punto en la propuesta de IpT que me parece excepcionalmente bueno, tanto que es una bandera que sí levantaría con gusto: el estado debería ofrecer acceso a Internet en toda oficina pública, dependencia descentralizada y en algunos espacios selectos donde se detecte un beneficio social preeminente.

Con eso no competiría con los proveedores privados y sí ofrecería un beneficio particularmente orientado a segmentos de bajos ingresos. Además de espacios previsibles como bibliotecas y escuelas, ofrecer acceso a internet gratis permite:

  • En el hospital público, en lugar de salir a la calle para hacer una llamada desde un teléfono público, puede conectarme con un celular y usar Skype o Whatsapp sin consumir saldo.
  • En el precinto de policía, puedo tomar fotos y publicarlas en redes sociales o espacios de denuncia ciudadana para prevenir o documentar abusos, condiciones indignas, etc.
  • La explanada delegacional o un parque público puede convertirse en un lugar de reunión para jóvenes en un espacio cuidado, iluminado y con oferta alternativa de actividades, como el skate park inaugurado recientemente por el Jefe de Gobierno.

Para mí está claro que pedir que te lleven Internet a la puerta de tu casa es excesivo. Incluso encontrando los estudios que dicen que tener acceso a la red genera beneficios culturales-educativos por solo existir, sigo creyendo firmemente que es mejor un espacio de competencia con pisos de calidad (que hoy no hay en Mx), antes que dejar todo en manos del estado.

Como contrapartida, el estado tiene la oportunidad de convertir el acceso a Internet en una fuerza de desarrollo por cercanía, tangible y a todas luces beneficiosa, sin poner nerviosos a los proveedores privados de acceso. Y, si andan con MUCHAS ganas de hacerlo bien, dar el ejemplo con un servicio de calidad, que impulse esa sana competencia que aparentemente no florece solo con capitalismo y libre mercado.

Emprender, aprender, compartir

Estoy empezando a creer que es mejor hablar de lo que uno HACE y no de lo que uno SABE.

El problema con “saber” es que a veces agrupa conocimientos que adquirimos a través de la experiencia de otros y no contrastamos personalmente. Nos convertimos en evangelizadores sobre temas que nos fueron presentados convincentemente y que por diversas causas sirven a objetivos de terceros, pocas veces a los nuestros.

La “literatura” de negocios tienta en particular a todo un cardumen de ingenuos, deseosos de salvarse a través de alguna fórmula rápida o pase mágico, que insisten en ignorar que en el gran esquema de las cosas las recompensas y el nivel de esfuerzo que se requiere para obtenerlas, suelen equilibrarse.

A mi alrededor hay muchos esperanzados que recitan las fórmulas de “Lean Startup”, “Getting Real”, “Customer development” como si fueran una oración al dios de las empresas exitosas que hará aparecer mágicamente una marea de clientes con cheques en blanco frente a su puerta, mientras se deshacen de cualquier traza de sentido común a la hora de definir el producto que pretenden ofrecer o el mercado que pretenden atender.

Por eso es que cuando Eduardo me invitó a pasar un rato “talking shop” en Aldea Digital, me concentré más en qué viví y no en qué leí. Abajo el video, con algunas pinceladas de cómo fundé una agencia de publicidad, cuándo y por qué la dejé en pleno ascenso y qué aprendí en el camino (mucho de eso está acá también), que pueda aclarar ideas a algún jovenzuelo más desorientado que yo.


Aldea Digital: Negocios digitales y emprendimiento en México.

Kintsukuroi o la vida rota queda siempre más linda

Uno no viene listo para enfrentar los desafíos de su tiempo. Toda la información que recibimos de chicos, viene de gente que tampoco estuvo lista para los propios.

Los da Vinci, los Tesla, Arquímedes y Jobs nos parecen adelantados, visionarios, cuando son simplemente personas que saben descifrar el presente y apropiarse de las posibilidades que tienen al alcance de la mano. Viven intensamente el hoy y se nutren de su entorno, porque si realmente vivieran en el futuro, todo su legado estaría en páginas de libros discutibles.

Aunque parezca una sobresimplificación, no deja de ser un don supremo que nos está vedado a los mortales rasos. Lo mejor que podemos hacer es descubrir esa carencia -o esas posibilidades- cuanto antes, para cambiar con un poco de suerte y viento a favor, el rumbo de nuestras vidas.

Y para intentar explicar por qué arranqué tan etéreo, creo que conviene viajar un poco al pasado.

En los alrededores de mis 5 años de vida, entre algunos ataques de asma y la ausencia suicida de toda prestancia futbolística, desarrollé una pasión voraz por la lectura, sabiamente alimentada por mis padres, que como gran porción de la clase media argentina veían en la cultura el camino más noble hacia la movilidad social.

Ese gusto por la lectura devino también en una visión un poco torcida de la realidad: más de una vez choqué contra el frío mundo (o los fríos nudillos de algún compañero de escuela) porque mi visión literaria de cómo debían ser las cosas no coincidía con cómo eran.

Llamémosle sensibilidad artística, y dejaré entrever que pasé mis años de secundaria y algunos de universidad soñando algunas historias fantásticas y escribiendo poesía de la que no me termino de avergonzar, por no-muy-misteriosas causas. Eso sí, para el teatro, la música y “las artes visuales” como aglutinador de las restantes musas, soy de piedra.

Me he quejado amargamente ya de haber dejado de leer. Lo que aprendí a ver hace poco es que también había dejado de soñar. En algún momento entre 1992 y 2000 pensé (o dejé que fuera pensado en mi lugar) que había que ser práctico, asegurarse un futuro tanto como se pueda y amoldarse a varias ideas preconcebidas de “carrera”, “profesión”, “vocación” y “éxito”.

Acá estoy, con un título de Contador Público que me acercó muchas ventajas prácticas con el correr del tiempo, pero ninguna revelación estremecedora sobre mí mismo. Desde antes de comenzar la universidad yo trabajaba con computadoras y ese fue realmente mi primer amor profesional, pero cuando me tocó elegir la carrera, pensé que estudiar algo relacionado al campo de cómputo era más o menos limitante (1992 en Córdoba, Argentina), versus la posibilidad de conocer las tripas de la operación de empresas y negocios de cualquier ramo.

Lo suelo presentar como una decisión mega-inteligente tomada por un jovenzuelo en extremo maduro para su corta edad, pero -a la distancia- parece más una forma poco sexy de acomodarme a mi entorno que una epifanía.

Que no suene muy dark: he tenido una suerte monumental. Durante toda mi carrera profesional fui el tipo correcto en el momento justo y me funcionó a la perfección. Acepté ofertas e hice apuestas que siempre salieron bien para mí. La cosa es que casi nunca lo hice con amor. Se trataba más de no decir que no a buenas oportunidades que de seguir al corazón.

Cuando uno tiene un hijo, toda la vida cambia. Y Lucca en particular llegó con algunos desafíos extra, que nos costaron mucho en insomnio, tiempo de adaptación y todavía estamos aprendiendo a acompañarlo y allanarle el camino hacia el futuro. Nos paga con sonrisas y sueños brillantes, es un trato justo.

Kintsukuroi

Kintsukuroi

Entonces un día, al azar, me encontré con el concepto de kintsukuroi, que significa “reparar con oro”. Es una tradición japonesa, que consiste en reparar objetos de cerámica con una laca que contiene oro o plata, como en la foto. El trasfondo tácito de la tradición es que el resultado es más bello por haber estado roto.

Este futuro que con Bárbara construimos para Lucca, y tooodos esos sueños brillantes que nos regala, son kintsukuroi. No sé predecir el futuro, pero a alguien con semejantes sonrisas solo le esperan cosas buenas.

Volviendo a mí, la cosa es que llevo 21 años desde que conseguí mi primer trabajo y cada vez que me toca recorrer esa historia, lo hago con más distancia, como si estuviera hablando de otro. Todas esas decisiones racionales, convenientes y rentables, tuvieron un “costo de oportunidad” en términos de las nulas ganas que tengo de repetirlas, por ejemplo.

Pero no TODO va tan así, según descubrí hace poco. Resulta que en 1995 conocí Internet, en 1997 renté mi primer servidor en una empresa de hosting (esa es toda otra historia, no tenía tarjeta de crédito y pagaba enviando cheques/giros por correo físico a nvision.com), y desde ahí siempre mantuve vivos varios websites de amigos y clientes, con un gusto inusitado.

El hosting y la ristra de partes móviles que implica siempre fue un hobby para mí. Lo veía como la extensión natural de mi actividad como programador y después facilitador de comunicación. Los pilotos de carreras aprenden de mecánica como la gente que publica cosas en Internet debe saber manejar los cimientos de esas publicaciones.

Ese hobby, me sorprendí, es la actividad profesional más extensa que desarrollé en mi vida. Y también es la actividad a la que siempre regresé. Mientras la programación dejaba de ser central para mí, o la publicidad perdía su encanto inicial, o nomás me ganaba la vagancia, siempre tenía un rato para masajear un server y robarle unos ciclos extra de performance.

Es difícil de explicar, y por eso le estoy dando tantas vueltas al asunto. Me genera una brutal disonancia cognitiva, porque tengo programado en la cabeza que la respuesta “correcta” a la tan temida pregunta “¿A qué te dedicas?” está más cerca de “Tengo una agencia de publicidad” o “Soy el CEO de X empresa” que “Me gusta tontear con computadoras sin interfaz gráfica”, especialmente después de 20 años de “carrera”.

Preconceptos sociales -artificiales, o’course- aparte, es indescriptible el gusto que me da diseñar plataformas de hosting y lo mucho que disfruto aprendiendo y experimentando sobre ideas nuevas a cada rato. Esta es exactamente la sensación a la que se refiere el refrán/aforismo “Elige un trabajo que te guste, y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida”, que atribuyen a Confucio. Mientras tanto, mis servers responden a unos 8,000,000 de visitantes al mes, y me divierto como un enano que se divierte.

¿Qué aprendo de todo esto? Kintsukuroi. Tengo que aprovechar los fragmentos “rescatables” de lo que hice hasta ahora, y agregarles el “oro” de estos descubrimientos recientes para ver si logro un resultado más bello que el anterior. Al final, sigo siendo el mismo que ayer, y tengo 21 años de experiencia en tecnología, comunicación y management; lo central es para qué los uso, y predigo que a partir de ahora vienen tiempos apasionantes.

Está bien, acepto que mis pasiones son raras, pero si conoces de alguien a quien el hosting le haya quedado chico, o su WordPress ande leeento, sería un excelente momento para ponernos en contacto. Yo, encantado.

Algunas observaciones sobre la muerte de Chávez: el tipo personificó la falta de transparencia y la política de confrontación internacional.

Y puso tanto énfasis en su posición mesiánica que ese sistema nefasto está intrínsecamente atado a su nombre, al hombre.

Varios países de Latinoamérica abrazaron su estilo y ahora están más lejos del resto del mundo.

Su muerte produce en quienes sufrieron su gobierno, la expectativa de un cambio, el fin del sufrimiento. Muerto el perro, la rabia.

Pero no se trata de “faltarle el respeto” o “insultar a su familia”, el humano actúa desde su fuero íntimo, sin gran perspectiva.

El que se desprende de esa solidaridad humana mínima y se siente mejor por la muerte de otro, se sintió también dañado por la vida del otro.

Si no estamos dentro de ese arco de emociones, nos resulta difícil entender ese comportamiento. Pero es mal gusto, no mala intención.

Al menos en el 99% de los casos. Gente culera tampoco falta en este mundo.

Programar no es un superpoder

Cualquier idiota puede programar. El verdadero superpoder viene de saber resolver problemas con lógica, intuición y consistencia.

Yo era programador, y sonreía con falsa modestia cuando alguien equiparaba eso con algún tipo de “magia”. Un día conocí a un estadístico genial, que programaba en lenguajes que yo jamás iba a usar, y mucho menos dominar. Luego fue el turno de un físico, que usaba su computador como una extensión de su lápiz. Entonces entendí que programar es una consecuencia. Programa quien sabe que la computadora puede ofrecerle una solución más rápida y eficiente que por otros medios. ¿Hay algún herrero o carpintero que NO SEPA usar un martillo? ¿Conoces algún violinista que necesite aprender a fondo todo sobre los martillos para poder dar un concierto?

Entre ayer y hoy lanzaron una campaña que corre como pólvora en mis círculos socialnetworkeros, poblados de nerds de varios calibres y habilidades. La buena gente de Code.org se preocupa porque el 90% de las escuelas en Estados Unidos no enseñan a sus párvulos a programar, actividad que insisten en equiparar con un “superpoder”.

Si bien cualquier iniciativa que amplíe los horizontes educativos me gusta, esta en particular me parece bastante estúpida e hipócrita, viniendo de quien viene.

Recordemos que Estados Unidos lleva años sumergido en una de las peores recesiones de la era moderna, con TODAS sus industrias haciendo agua y pidiendo subsidios, salvo la industria del software y los servicios online derivados de él (aunque eso no les impida reclamar igual ventajas y subsidios). Es fácil creer que subiéndose a la estela de la industria informática se va a acelerar un poco la recuperación, pero visto desde el panorama general, el impacto en números puros y duros es una escupida en el mar.

Si tanto les preocupa el desarrollo de talento para el sector “estrella”, podrían mejorar o flexibilizar el proceso de inmigración para personal capacitado, en lugar de esperar que suficientes generaciones de jóvenes terminen la escuela y se inserten en el mercado laboral.

No quiero entrar en el tema de las valuaciones ficticias de negocios completamente desprovistos de función económica (LivingSocial es la estrella de esta semana, destruyendo 3,500 millones de dólares en un par de años) que algunos mouthbreathers van a esgrimir para desestimar mi expresión de “escupida en el mar”.

Sí quiero pegarle al ombliguismo que implica tener a Bill Gates y Mark Zuckerberg apoyando una campaña “para que más gente sea como ellos y tenga las mismas oportunidades”. Porque todos sabemos que si todos los niños de trailer parks en Alabama, Oklahoma y Tennessee aprendieran a programar, necesitaríamos multiplicar los listados de Forbes para poder contener a todos.

Para tener éxito, es mucho más importante tener capacidad para resolver problemas que saber programar. Vale más un tipo que termina un videojuego laberintesco sin ayuda que un eximio conocedor de la sintaxis de varios lenguajes. La programación es solo una herramienta, y su uso aumenta naturalmente cuando es la herramienta correcta para instrumentar la solución de un problema.

Ahí es donde Estados Unidos (y México, si quisiera mejorar su desastre educativo actual) debe poner un poco más de esfuerzo para revertir la espiral descendente que transita su sistema educativo. Con escuelas primarias y secundarias cada vez menos efectivas, aumento en la tasa de deserción escolar y un mercado universitario que destroza vía costos y deudas a los “privilegiados” que llegan a ese punto, concentrar la atención en enseñar programación es ofrecerle un violín a un manco.

Hagamos un esfuerzo serio por tener una población alfabetizada, capaz de expresarse y articular correctamente una conversación, con habilidades y recursos intelectuales para resolver problemas. Luego dejemos que esos genios (comparado con lo que tenemos hoy), decidan qué herramientas son las mejores para solucionar los problemas a los que se enfrentarán en un futuro que nosotros viviremos cansados, improvisados, adaptándonos a los tumbos como toda “generación anterior” viene haciendo desde hace 2 siglos.

De justicia y preconceptos

Más allá del escarnio a los funcionarios que defenestraron esa ilusión que Mexico añora, llamada “debido proceso”, uno cree que Florence Cassez es culpable de los secuestros que la acusan de haber perpetrado o acompañado, porque no se podría concebir que García Luna & friends -por borrachos de poder e impunidad que hayan estado- serían TAN imbéciles de montar todo su teatrito con alguien inocente.

Sería demasiado, ¿no?

Siempre me imagino a los llaman “Españistán” a España (me refiero a los peatones, el autor y algunos conocidos míos se salvan) como tipos grises, tristes, vencidos por una realidad mucho más grande que lo que alcanzan a comprender.

Gente que tiene un tiburón pintado en el espejo del baño, y piensan que es el país roto el culpable de que se vean como sardinas.

Nunca es su culpa.

Yoani Warhol desde Cuba

Llevo un rato largo pensando un buen título para este post, y el que acabé poniendo es definitivamente malo.

Quizás la razón de la dificultad radica en un meticuloso adoctrinamiento latinoamericano judeo-cristiano que todavía hace ruido en el fondo de mi cabeza cuando estoy a punto de escribir algo que probablemente pueda ser interpretado como “mala onda” o algún eufemismo adolescentón por el estilo.

La cosa es que Yoani Sánchez y su interminable historia de martirio a manos del régimen cubano, me tienen harto, cansado de ver cómo el mundillo intelectualoide internetero la asume una heroína sin un ápice de escepticismo, el cual reservan para todo otro personaje que se les cruce en el camino, incluso Gandalf.

Seamos claros, Yoani vive en un “país de mierda”. Términos que uno se reserva para el propio y un puñado de otros países donde uno no viviría ni loco, que en general engloba a Haití, Myanmar, Rwanda y por supuesto a Cuba, un lugar que lleva unos 60 años de constante decadencia y desconexión con el mundo exterior, financiado por regímenes absolutamente contrarios a la moral y buenas costumbres de los guionistas hollywoodenses, no dudamos en reprobar cualquier cosa que nos indiquen rechazar sobre su gobierno, sus condiciones de vida, etc.

Sobre esta cosmovisión, la Sánchez forjó una imagen cincelada a la medida del descerebrado twittero promedio, hambriento de épica en 140 caracteres: ella “cuenta verdades” sobre Cuba en un blog “que mantiene gracias a la ayuda de mucha gente y traductores voluntarios” a pesar de innumerables intentos de callarla por parte del régimen.

W-O-W, ¡de película! Falta tomarse fotos montada en un dragón con un estandarte con la imagen del Che Guevara crucificado cabeza abajo, ¡y hasta tendría un altar en 4chan!

La realidad detrás de todo esto es que -mientras sigo afirmando que vivir en Cuba debe ser bastante desagradable en la medida que las condiciones se siguen deteriorando- el régimen cubano, autor de incontables otras atrocidades, no le toca un pelo.

Habiendo casos serios y documentados de asesinatos de periodistas y activistas opositores, además de los conocidos presos políticos que reaparecen en medios cuando lanzan una huelga de hambre, el recuento de los “acosos” sufridos por Sánchez se puede resumir en algunas demoras para que llegue tarde a mitines no autorizados. Si todo esto ocurriera en México, estaría dispuesto a creer que es la pariente incómoda de un senador, que jode pero es intocable. Como los hijos drogones de los gobernadores que cada tanto se nos aparecen en Facebook pachangueando en Las Vegas con el avión estatal.

Tampoco es que le desee un daño o prisión, sino que sospecho que al régimen cubano sus desvaríos semi-poéticos, sus apelaciones con pretensión de convertirse en canción, no le hacen mucho. Y la dejan ser. Esos 15 minutos de fama ya tienen demasiados años corriendo (perdón, algo tenía que hacer con el título).

La última vez que la ví en video, fue en un evento en Madrid. En el video contaba cómo no la habían dejado salir de la isla. El mismo régimen que no deja salir casi a nadie sin permiso, y a muy pocos con, no se sentía inclinado a hacerle la vida amable a una hereje anti-revolución.

Entonces se quedó. No se agarró una balsa como hacen miles de otros cubanos que quieren probar suerte en otras tierras. Tampoco agarró un fusil, como ya hicieron los que todavía están en el poder. Agarró un teclado, y posteó un desvarío semi-arengador, semi-voy-por-el-premio-Alfaguara. Justiiiito para la fauna que le hace caso y la idolatra, su acto de resistencia, en lugar de heroico, fue linkeable.

Chicos, crezcan. Entre Yoani y Juana de Arco hay un idem. Enorme.

¡Ay! Twitter, que me hiciste ingrato…

…y también me estás haciendo superficial, inculto, distraído.

Ayer tuve dos conversaciones maravillosas, una en un café y otra en mi casa, que me hicieron reflexionar sobre el espacio que las redes sociales, e Internet en general, tienen en nuestra vida y cómo desplazan otras actividades potencialmente más enriquecedoras.

Ya que -culpa de Twitter y Facebook- no tengo el calibre académico-intelectual suficiente como para hacer tooodo un tratado del ser y el deber ser de nuestra relación con servicios y medios digitales, resumo esto en una serie de observaciones que pueden servir para descifrar qué me preocupa en este caso.

Recuerdo una noche de 2007 en que un amigo estaba de visita en México y otro recién llegado, organizamos una cena para nerds en un restaurant simpático que nos prestó su cava (supongo que no querían ponernos “front of the house”). En algún momento de la conversación de sobremesa, alguien mencionó un video muy cómico que había encontrado en Youtube. “¿Cómo, no lo vieron?” dio paso a que alguien sacara su laptop y la conversación mutó a 12 personas en semicírculo frente a la pantalla por la próxima media hora, siguiendo recomendaciones que cada uno daba para actualizarse en el mundo del video ocioso online.

Ayer en mi café con David Sasaki, coincidimos los dos en la necesidad de comenzar a reorganizar nuestras actividades online. “Quiero dejar Twitter de lado para leer más”, lo cual suena ilógico solo por un segundo. Coincidimos en dos puntos centrales: la metralla de Twitter no alimenta neurona ni alma, y nuestros Kindle engordan sin medida ni perspectiva de adelgazar pronto. Queremos leer reflexivamente, reconocemos que es una actividad “superior”, pero nos perdemos en la marea cotidiana de asuntos de otros.

Y en ese punto vino la revelación: recibimos presión de nuestro círculo social para saber lo que pasa en las redes. La manera en que suplantan (con mayor o menor habilidad) otras formas de interacción personal, hacen que, al menos en nuestro círculo de idiotas hiperconectados, muchas conversaciones circulen alrededor de “¿Ya viste lo que twitteó Fulano?” o “¿Qué te pareció la foto que pegué en el muro?”. La conversación avasalla a la contemplación.

También ayer, pero más tarde, me visitó Juan Martín Medina, músico excepcional que lidera la banda de Julieta Venegas. Conversamos horas sobre la vida, las giras, el futuro y recibí una clase MUY detallada sobre qué se vive en un escenario y qué se escucha en los monitores. Con un nivel de pedagogía que solo alcanzan quienes treinta años después siguen enamorados de lo que hacen, me mostró un mundo que me era totalmente vedado.

Todo eso ocurrió mientras mi ISP tenía cortado un cable en mi zona y no había acceso a la red en mi casa. Otra frase clave: “Menos mal que no había red, si no hubiéramos estado comprando una cámara digital que necesito y te iba a pedir ayuda para elegir”.

Entonces la red, y mi propia incapacidad para ponerle límites, conspiran contra las actividades que considero enaltecedoras. La marea constante de notificaciones, chillidos, vibraciones que brota de teléfono, tableta, laptop y últimamente cualquier aparato cerca o lejos (tengo un Fitbit), nos llama cual canto de sirena a este espacio de conversaciones más sintéticas, formateadas para el medio que impone sus requerimientos, 140 caracteres cada vez.

No es una derrota solo mía. Mientras algunos bastiones de texto largo se defienden denodadamente, el medio que más crece y muchos toman como ejemplo de adaptabilidad a las condiciones de mercado es Buzzfeed, una publicación donde ningún párrafo requiere interrumpir la respiración para leerlo en voz alta y el 90% de los títulos sugiere una listametralla de 25 fotos de gatitos que no deberías perderte.

Es tan completa la derrota, y tan rica en psicología inversa, que creemos que estamos ganando y nuestra manera de hacer las cosas es la únicacorrecta. Los herejes que no abracen este evangelio serán condenados a la hoguera de nuestro sarcasmo. Anoche Genaro Lozano, conocido columnista de temas internacionales, se quejaba amargamente por el ruido que emitía la sucursal de Liverpool Polanco, promocionando una venta nocturna. Se quejó por teléfono a la policía, que mandó patrullas poco exitosas (previsible). Lozano, harto, la emprendió en Twitter, incluyendo en sus mensajes a Liverpool, la Policía del DF y Marcelo Ebrard, el Gobernador de la Ciudad, para no recibir respuesta de ninguno.

Hola, ¿Marcelito? Qué gusto escucharte, ¿cómo estás, mi carnal? Oyeme, perdona que te llame a estas horas, dile a Rosalinda que me disculpo por interrumpirle el sueño, pero sabes que tengo un problemita: los salvajes estos de Liverpool están molestando mucho acá en Polanco, meten mucho ruido, mi buen. Tú sabes que no te marcaría si no fuera algo verdaderamente importante, estoy escribiendo un artículo para mañana y ya de tanta bronca se me teclan las cruzas. ¿Te lo encargo, carnalito? Échale un fonazo a la Poli o algo, no sé. Sale, bye.

–Nadie, nunca, a menos que le hayas financiado millones de votos en la elección que lo puso en su cargo. Pero quienes vivimos sumergidos EN las redes, ignoramos -a veces de manera voluntaria- las jerarquías y nuestra propia posición en la pirámide alimenticia, donde estamos al nivel del plancton.

Si bien no hay una obligación explícita de ser accesible o responder a nadie cuando uno participa en Twitter, la sensación generalizada es que mostrándose abierto y dialogando con algunos contactos se logra una mejora saludable en la imagen pública. Yo mismo abogo por que las empresas salgan de sus espacios confortables (y defendidos con mano férrea por su área legal) para participar en los espacios que los consumidores eligen para discutir sus productos.

Pero con todo esto dicho, no hay ninguna razón para esperar que EL GOBERNADOR DEL DF te vaya a solucionar el ruido que hace tu vecino a las 12 de la noche. Y al margen de las expectativas, ¡YO no quiero que eso ocurra! Por más que don Ebrard pueda poner a todo un call center para responder en su lugar en Twitter, su persona(je) no debe ser así de accesible al mismo nivel que Carlos el taquero ni el funcionario corrupto de la delegación Miguel Hidalgo que está a cargo de los ruidos molestos y no hace nada. Porque si hacemos un escándalo cada 6 años para elegir al tipo más idóneo para ese puesto, no lo vamos a distraer pidiéndole que repare el bache que nos jode camino al trabajo. ¿Y qué hacemos si no nos responde, se lo pedimos al Presidente?

Así de alarmado estoy, y quizás exagero, pero tengo esta sensación que permea mi conciencia de que estamos confundiendo el medio con el mundo, los tweets con la realidad, los nicknames con las personas. Estamos dejando de ejercer la imaginación, estamos reaccionando más que meditando, creemos que el mundo es el timeline. Y por nosotros, me refiero obviamente a mí mismo.

El cerebro actúa como un músculo. Si se ejercita, se fortalece. Twitter, Facebook, ahora Branch y sus parientes y amigos, son el equivalente a comer Doritos frente a la TV. Creo que necesito salir a correr a un café con amigos.