El “Tiempo Real” no es real

Ni necesario. Y el real transcurre lento. No me atosiguéis.

Este es el primer post de una serie donde contaré mis aprendizajes durante mi año sabático, que se está acabando.

Los que vivimos en internet estamos acostumbrados a entender “tiempo real” como actualizaciones rápidas, eventos en vivo e información en la punta de tus dedos.

Los que vivimos en internet bien podríamos vivir dentro de un raviol. El tiempo real es lento. No instantáneo. Es REAL! Y a veces parece arrastrarse.

Cuando tienes años tonteando en Twitter, Facebook y reductos parecidos, junto con software de escritorio que dispara alertas, recordatorios de juntas, cumpleaños y pagos atrasados; y a eso le sumamos uno o dos teléfonos celulares que vibran, chillan y parpadean con SMS más recordatorios duplicados de las mismas juntas, es fácil confundirse y comenzar a tomar eso como la realidad.

Desconectado de la velocidad habitual en la vida de oficina, pude ponerme a pensar en el valor real de la inmediatez, y mis conclusiones se dividen en 2:

  1. En una era en que escasean las primicias, los medios se preocupan por exaltar el valor de “te enteraste de esto ANTES gracias a mí”, comportamiento que bloggers y fauna similar reproduce con fruición (no hay razón para no hacerlo, toda vez que un blog es un medio).
    Ahora, enterarme ANTES me sirve si ese conocimiento me permite cambiar una decisión y beneficiarme, por ejemplo dejar de fumar antes gracias a haber recibido información sobre los efectos nocivos del tabaco. Más allá de eso, enterarme antes de la selección de vestuario de una pseudo-actriz para presentarse en un evento, o de la “declaraciorrea” de un político en campaña, incluso -anatema!- de la nueva línea de productos de cierta marca de computadoras, hace poco por mejorar mi vida.
    Conclusión 1: enterarme que AOL compra TechCrunch en el instante en que están firmando los papeles, es irrelevante para cualquiera no involucrado en la transacción, así que los medios que apelan a la velocidad como argumento de venta, deberían preguntarle a sus clientes si eso es lo que necesitan.
  2. Con la aparición de las redes sociales abiertas y asimétricas como Twitter, donde un descerebrado como yo puede ser visto por 3500 incautos, es importante estar informado para no quedar como un estúpido. Entonces sí habría un cierto valor para el humano promedio en mantenerse informado con una cierta inmediatez, para evitar que esa “audiencia” se ría de él.
    Esa vía de pensamiento no tiene en cuenta un par de cosas: de 3500 personas que podrían ver un tweet mío, sospecho que hay unos 100 a 120 que lo ven, de los cuales hay 50 que lo LEEN. Es cierto que quedará por siempre en Google y la Library of Congress, pero el impacto REAL es minúsculo. Además, incluso suponiendo que 3500 personas leen detalladamente todo lo que digo, el impacto real que eso puede tener en mi VIDA es igualmente marginal.
    Conclusión 2: humanos hiperinformados sobre estupideces efímeras agregan contenido sin valor notable a la conversación. Y si ese es su único aporte, hacen que pierda interés muy rápido en conversar con ellos.

Con el reciente rescate de los mineros chilenos pude observar otra faceta del tema: el momento en que la cápsula/sonda llegó a la madriguera donde esta gente vivió durante 69 días, tuvo más rating televisivo que un discurso presidencial en cada país donde se transmitió (excepto Venezuela y Argentina, donde no saben contar).

Todo el mundo quería ESTAR PRESENTE en el momento en que saliera ese primer minero a la superficie. La Presidencia chilena lo vendió así, las cadenas de televisión vendieron publicidad con ese mensaje…

…y mil-millones-de-televidentes se prendieron de los aparatos por media hora.

Eso duró el tiempo real. En unos 30 o 60 minutos se descargó ese gigantesco orgasmo transnacional, con discursos esperanzadores, arrebatos triunfales y lágrimas vertidas por parte de gente sensibilizada de todo el mundo. Ahora vamos a cenar, que se enfría el puré.

Los medios intentaron mantener el interés, los más hijos de puta con contadores de mineros rescatados vs mineros muertos, los más profesionales con flashes informativos y enlaces alusivos cuando pasaba algo importante. Pero -visto descarnadamente- enterarte (o ver, o presenciar) cuando sacaron al minero número 24 no hizo nada por tu mayor entendimiento de la condición humana ni su lugar en el universo, y tampoco el primero, 30 horas antes.

En paralelo, en el mundo digital, otra marea de información: durante algunas horas, mientras se alistaba el primer descenso y hasta más o menos el quinto rescate, Twitter y Facebook explotaban: los emocionados proclamaban “Viva Chile, mierda!” y los insoportables informaban con minucioso detalle lo que veían en su televisor. Detalles como la velocidad de la cápsula, los asuntos familiares de los mineros y las entidades internacionales que habían colaborado en el rescate, ametrallaban las pantallas de computadoras y teléfonos de todo el mundo, sin ninguna necesidad aparente.

Leí en su momento a un blogger/columnista de uno de los tantos Times que se publican en USA diciendo que estaba en el cine, pero que podía seguir todo lo que pasaba en Chile vía video streaming gracias a la buena señal 3G que tenía en la sala. Se me nublan los sentidos y me atacan palpitaciones. Si su función era cubrir el rescate, hubiera estado en la redacción de su diario; ergo, era ocio. Si se iba a clavar viendo lo de Chile, ¿no podía hacerlo desde su casa, en vez de pagar el ticket? Pero la que más me gusta: ¿por qué no se deja de joder y lo ve al otro día -o una semana después- en alguna de las miles de repeticiones y reseñas periodísticas?

A no confundirse: fue un evento emocionante. Fue una muestra de profesionalismo, entereza, habilidad técnica y una considerable dosis de suerte por parte de todos los involucrados. También permitió que mucha gente común le diera un vistazo a la trastienda de la industria creadora de celebrities, al enterarse que ya hay tours, películas, libros y merchandising en desarrollo para lucrar cuanto se pueda de la exposición que tuvieron los mineros. Pero difícilmente mi vida cambie a causa de ello, y mucho menos va a cambiar por haberme enterado en el momento en que me enteré.

Muchas veces se les criticó a los medios impresos la facilidad que tienen para convertirse en envoltura de pescado al día siguiente, y muchos pensaron que la solución implicaba una mayor velocidad, por ejemplo imprimiendo múltiples ediciones. Aplausos: ahora puedo envolver pescado con el diario de hoy.

Con los medios digitales pasa igual: el que estén posteando desde la conferencia de prensa, no mejora mi entendimiento del asunto.

Consejo para los dos bandos: concéntrense en la profundidad de lo que me quieren contar, y cuéntenmelo con una periodicidad que mantenga mi interés. No lo necesito antes, lo necesito bueno.

Eskup: fishing for the bottom-feeders

Ayer en una mesa con notables de medios de acá y allá, me nombraron a Eskup por primera vez, preguntándome qué opinaba sobre el servicio (o modelo, supongo).

eskup

eskup

De acuerdo a las explicaciones que me dieron en el momento -es parecido a Twitter, tiene algo de Facebook, El País dicta/filtra algunos temas-, mi reacción inicial fue sencilla: los medios tienen que aprender a insertarse en el discurso global de su entorno, en vez de intentar desviar incautos hacia sus aguas.

Después pude ver el site, una vez que llegué a mi casa: es como Twitter, pero con 280 caracteres y además permite agregar fotos y videos a los tweetseskups. Hay que registrarse en el site y permite exportar/inyectar tu actividad desde Eskup a Twitter y Facebook. En alguna parte de la explicación dicen que los temas de discusión se archivarán oportunamente, whatever that means.

Entonces llegué a mi segunda reacción: Eskup es Pownce 4 años después. O como el sitio de Moscú en invierno: una lección de historia mal aprendida.

Mi lectura -desconfiada, poco amistosa- posterior, coincide con una pista que pone Antonio en Error500: esta no es una comunidad creada para competir contra Twitter y Facebook, sino una manera de generar/curar contenidos periodísticos que le sirvan al diario. Desde el nombre “scoop” en inglés, que es más o menos equivalente a “primicia”.

Por estos días estoy trabajando con algunas empresas que quieren subirse a “las redes sociales” con los menores dolores de parto posibles, y mi consejo se mantiene en línea con mi -enésimo- decálogo: entren como organización, eduquen a sus 10,000 empleados (de los que más o menos un 50% ya tiene perfiles en redes, etc.), conviértanlos en embajadores de la empresa, no se queden en gimmicks promocionales ni contraten suplentes externos (al menos no para suplantar a la empresa siempre). Es el camino más largo, pero el más sano.

¿Qué debería hacer El País, en vez de distraerse con proyectos como Eskup?

  • Enseñarle a su planta editorial que Internet no es el enemigo: 8 años después me sigue hastiando que “medios tradicionales vs medios digitales” parezca una discusión tan vigente. Sepan: se acabó. Son medios.
  • Enseñarle a quienes escriben día a día el diario que en la red, pueden encontrar un contacto humano antes vedado por poco práctico: que pueden lanzar preguntas y recibir respuestas inmediatas, pueden crear anticipación por las historias que escriben (salvo los de los obituarios), pueden validar hipótesis y hasta conseguir teléfonos que de otras maneras no conseguirían.
  • Educar a toda la organización para que el contacto en tiempo real con el mundo exterior pase a ser parte integral del negocio, que tanto los editores como los vendedores de publicidad integren la actividad en línea a su proceso de trabajo: la red no sólo amplifica las posibilidades de contacto del humano promedio, sino que también provee herramientas para gestionar esas relaciones eficaz y eficientemente. Además, hace poco conocí a Miguel Ángel Bastenier y me encantaría que esa mente formidable (y personaje locuaz) arrasara con Twitter.

En Twitter y en Facebook y en Wikipedia y en cada blog (hasta este!) hay gente que todos los días perpetran un acto de generosidad, compartiendo conocimiento, abriéndose a preguntas, descubriendo joyas en las grietas de Internet y pasando el link. Eso se hace sin expectativas de recompensa (en el 98% de los casos) y con enorme candidez. Conéctense con esa energía, en vez de tratar de generar chispas en el barro del fondo.

El verdadero valor de la red reside en la gente para quienes compartir es una segunda naturaleza, no en los que necesitan el jardín cerrado o el paraguas de una marca para recién pensar en aportar a la red. Es como si yo dijera que sólo aprenderé a pilotar autos F1 cuando una escudería me contrate. Cualquier niño en un go-kart me sacará vueltas y más vueltas.

Hay un universo de gente hablando, creando y compartiendo en línea, para encontrarlos basta con asomarse más allá de la octava columna.

No hay una mierda en la radio

Domingo por la noche. B y yo listos para comenzar otra semana, haciendo zapping ya en la cama.

Pasamos por el grupo de canales de series: Sony, Warner, Fox, etc., 12 canales más o menos y cero ganas de dejar uno. Vamos a los de películas? HBO, Cinemax, Cinecanal, otros 10 (sin contar los atrasados 3 horas, que la compañía de cable te vende como canales independientes) pasan sin pena, ni gloria, ni nada notable que nos haga quedar.

– ¿Qué se dice ahora? -pregunta B.
– No hay una mierda en la tele -respondo y nos ponemos a roncar.

Ayer hablábamos de radio en el Chow de ALT1040: en una ciudad como México DF, donde un 50% de la población se pasa más de 2 horas por día arriba de un transporte público o privado, la radio es una pobre sombra de lo que podría ser (NOTA: no tengo idea si hay una relación causal entre horas encerrado en embotellamientos y consumo de radio. Sospecho que sí, pero tenue).

La frase clave es “la radio en México es una pobre sombra de lo que podría ser“.

En los 7 años que llevo en México, nunca tuve ataques fuertes de nostalgia como para buscar streaming de radios argentinas y “darme mi dosis” de cotidianeidad abandonada. Conozco demasiada gente que vive así y me provocan la risa desesperanzada que también trae una mosca que cabecea una ventana sin parar.

Yo uso la radio como ruido de fondo en el auto y en mi casa. No presto suficiente atención a lo que ocurre como para hacer zapping con el dial (radios con dial, se ven las décadas), y mi corte muestral quizás no sea válido para extraer una estadística, pero me parece que se podrían hacer TANTAS cosas diferentes en radio en México, que me pregunto por qué no se hacen y voy a intentar responderme acá mismo.

Tengo identificados 5 tipos de programa, dime si me faltan:

  • Me contrataron porque soy dios y acá se hace lo que yo digo
    Típico de los noticieros de la mañana, se extiende al mediodía y al horario de salida del trabajo. Programas donde el conductor lleva LA voz cantante, los entrevistados puede contestar entre los plugs comerciales y las declamaciones del conductor si se atreven, y el resto del planeta existe sólo para que la voz del conductor tenga suficientes tímpanos para impresionar. Carlos Puig, Oscar Mario Beteta, Carmen Aristegui. Mariano Osorio sería la contraportada bizarra de este grupo.
  • Creías que era un programa de música, pero yo te voy a explicar
    Síndrome habitual en Reactor 105.7. Tres canciones por hora y entre los pocos oasis de música, dos o más tipos contando qué bueno estuvo el festival de Glastonbury del ’96 y por qué se nota la marca de Rubin en un disco que no produjo (resulta que él es ex de la actual mujer del productor real, y en la cama se tunean las consolas). Rulo & troupe.
  • Pago por este espacio, y tengo que recuperar los costos
    Se ve a lo lejos en programas de “estilo de vida” (y autos también) donde el conductor recomienda tantos productos, que si no se los regalaran estaría quebrado. Cada entrevista al tipo de PR de cualquier marca va con una factura por el espacio publicitario de antes y después. Eddy Warman, Fernanda Familiar, Martha Debayle y similares, paguen o no por el espacio.
  • Acá estoy, algo haré
    Los domingos a las cuatro de la tarde, mientras todos comen. Cualquier día de semana, después del himno. Este es el caso inverso del primero: acá la radio contrató un proyecto, y la gente no es ideal. Tipos capaces de desmenuzar la biografía de un rapero o el sistema de servos de un avión a escala hasta un detalle espeluznante, que no le importa a (casi, ya sé) nadie. Expertos en algo que no es comunicación, ni locución, ni entretenimiento, hacen un esfuerzo heroico por llenar de contenido el tiempo que les dan, pero apuntan a un nicho tan chico que podrían mudarse a un podcast y vivir con un 5% de la presión, los horarios y las rigideces del medio.
  • Los que la salvan
    En mi caso, Malasaña en Ibero 90.9. Tizano propone una radio que me encanta escuchar. Porque cuando arranca te da la bienvenida al “peor programa de la radio mexicana” y pone “un poco más de ese jazz maldito, porque ya sé que no estás acá por mí”. Reírse de uno mismo es una virtud que me genera empatía automáticamente, leer textos malditos siempre me resulta mejor que el reporte del tiempo. ¿Hay más como este?

Entiendo que cada estilo requiere diferentes recursos, y no puedo/debería poner a Malasaña como vara para medir a los noticieros, pero para tomar esos programas como ejemplo, suelto algunas ideas que se me ocurren en el camino:

  1. El conductor es el responsable del ritmo del programa. No necesariamente debe ser periodista para poder DIRIGIR un programa de noticias. Cuatro horas de radio por la mañana pueden convertirse en un suplicio si no hay buen ritmo.
  2. Pongan periodistas para reportar y analizar las noticias. Que el conductor ME DEFIENDA y resguarde la dinámica del programa, operando como entrevistador de sus colaboradores.
  3. Si entrevistan a alguien, entiendan que los “de afuera” no tienen el entrenamiento que tienen los de la cabina. No dejen que el invitado seque las neuronas de la audiencia con balbuceos ininteligibles, y tampoco aprovechen el espacio como púlpito para soltar sus propias diatribas.
  4. Ningún tema de “la actualidad nacional” resiste dos horas de repetición y ensalzamiento. Corten y mezclen.

NOTA para las radios “jóvenes”: NINGÚN concierto, no importa si es de Radiohead o Metallica, resiste diez días de “sólo queremos hablar de esto”.

Por supuesto, cualquier cosa es mejorable para el que la mira desde afuera. Mis gustos y preferencias personales son ab-so-lu-ta-men-te irrelevantes para cualquiera que no sea yo (peeeeeero adivina: ¿de quién es este blog?). Lo que me pasa es que es desesperante ser testigo de la dejadez manifiesta con la que desperdician un bien escasísimo.

Cuando los talibanes pro-vida-digitalizada hablaMOS de las ventajas de los nuevos medios versus los “tradicionales”, uno de los primeros argumentos es la abundancia, variedad y flexibilidad de contenidos que se puede alcanzar en la red, en comparación con el resto. Una radio sólo puede producir y transmitir 24 horas de contenidos por día, que si no escuché pierdo para siempre; mientras que cada minuto se suben a Youtube unas 65000 (creo) horas de video.

Con eso en mente, ¿la versión actual de la radio en México es LO MEJOR que se puede hacer cuando te confían la administración de un bien tan escaso como ese?

¿Dónde están los Howard Stern, los Alejandro Dolina, los herederos de Brozo? Con la tremenda cantidad de gente que consume radio en México, debería ser posible encontrarles audiencia a gran cantidad de estilos y formatos nuevos. ¿Es estrictamente necesario conformarse con el mínimo común denominador?

¿Por qué repiten programas diurnos por la noche? REGALEN el espacio al primero que lo pida, que produzca un programa para médicos de guardia y se convierta en el próximo José Sacristán en “Solos en la madrugada”.

Quizás no nos podamos desprender de los vicios y las deudas “de amistad”, pero si se abre un poco el espacio a nuevas ideas, creo que las -a veces infames- leyes de mercado podrán hablar mejor que la agenda personal de un director de programación.

Y los que no tienen acceso a la señal: publiquen podcasts, hablen, hagan ruido. Oscar Noriega dijo “los blogs personales mueren, lo de hoy es el livestream”. En un país que no lee, háblenle a la gente al oído.

No hay una mierda en la radio en México, todavía. Pero me encantaría estar irremediablemente equivocado.

Demonizar lo desconocido…

…te va a salir mal.

Si nada se aprendió de la Inquisición, Hitler, Bush, los talibanes y otras escorias deleznables, después de un intenso escrutinio histórico, estamos mal.

Cada vez que alguien, ufano en su desconocimiento, declaró la guerra abierta, desenfrenada y errónea a algo, la cagó monumentalmente y nosotros a la distancia nos reímos con jovialidad de ello.

Ahora le tocó a un pobre tipo del Milenio. Soltó una bomba, declaró su cruzada en contra de las redes de cualquier tipo, y le salió mal. De verdad le salió como la remierda.

Realmente me dio un poco de vergüenza ajena, como se siente al ver a un abuelo vociferar en contra de los Beatles, cuando leí las notas donde las redes sociales en internet resultaban culpables de todos los males del mundo, incluyendo la propia disfunción eréctil del ignorante que firmaba.

Hoy en la comida semanal de amigotes, dije: “Es más barato pagarle o amenazar a una empleada doméstica para que te dé acceso a todos los movimientos e información de una familia, que pagar las sesiones de psiquiatra que se necesitan después de leer las imbecilidades epilépticas que llenan página tras página de Hi5 o cualquier fotolog”.

Don Milenio y amigos: hagan lo que se supone que hacen bien. Investiguen, infórmense con sus fuentes, organicen la información y preséntenla articuladamente. Para eso les pago y para eso les pagan los anunciantes. Ustedes no CREAN la información, la transmiten. No inventen idioteces, siempre va a existir alguien que sabe más que el becario que ponen a cerrar notas a las apuradas.

Marketspeak

Cuando uno pasa mucho tiempo inmerso en algo, esto se convierte en una segunda naturaleza de la que es difícil deshacerse cuando hablas con alguien “de afuera”.

Así los nativos digitales ponemos los ojos en blanco y resoplamos cuando tenemos que explicar -por décima vez- qué es Twitter (y para ser más odiosos lo pronunciamos chuirer, correcto pero snob). Si tienes que explicar muchas veces la misma cosa, el problema es de la cosa, no del interlocutor.

Esto se repite desde los inicios de la humanidad. Cada tribu usa sus términos propios para distanciarse y reconocerse entre la masa. Los abogados usan latinazgos, los contadores numerazgos y los arquitectos… algo deben hacer.

El problema es cuando la tribu QUIERE comunicarse con la masa, usando sus términos propios. Cuando el fulano de marketing de una marca le habla a sus consumidores diciendo “los consumidores podrán controlar…”. Ahí se rompe cualquier vínculo de comunicación, porque la masa y la tribu no tienen terreno común en ese lenguaje y no hay traducciones “aceptables” preestablecidas.

Mi favorito personal? Cuando me ofrecen contenidos para mi celular. Really? Contenidos? No sería mucho más atractivo que me ofrezcan juegos, ringtones y wallpapers de chicas en pelotas? Porque contenidos no me dice mucho. Jamás agarré la tarjeta de crédito y corrí a una tienda a comprar contenidos.

El que contenidos sea el término interno habitual para referirse a los juegos, ringtones y wallpapers de chicas en pelotas que la empresa ofrece, no quiere decir que sea la manera más efectiva para decírmelo. Porque yo nunca llego al café y le cuento a mis amigos “miren qué buenos contenidos compré hoy”.

Otra que me (des)encanta es experiencia. Usa esta pasta dental y vive la experiencia… Crap. Otro término de uso interno que jamás debería ver la luz del día. Los estudios de comportamiento del consumidor dicen “hombres de alto nivel socioeconómico de 18 a 22 años ansían vivir experiencias extremas”. Entonces vamos a ofrecerles experiencias en vez de invitarlos a saltar en paracaídas.

Nota no-tan-mental para la tribu del marketing (que me incluye): no le hables a tu público de la misma forma que le hablas a tu cliente. Son 2 faunas completamente diferentes, ESPECIALMENTE en el idioma.

Fundación Alas usa Smugmug

Un ejemplo de cómo una organización sin fines de lucro (presumiblemente) puede usar mejor las herramientas disponibles para facilitarse la operación.

En México DF y Buenos Aires se están desarrollando los conciertos a beneficio de Fundación ALAS, y el kit de prensa que enviaron a Barbie incluye una URL de Smugmug con fotos oficiales para publicar acompañando las notas sobre el evento.

Eduardo Arcos de-tes-ta que las agencias de PR le envíen correos con 10 Mb de fotos inútiles, y es una práctica tan extendida en esa disciplina, que este uso inteligente de recursos disponibles, convenientes y gratuitos es al menos refrescante.

Mktg Trends 2008

Los amigos de Kätedra me invitaron a hablar sobre redes sociales en el evento Mktg Trends 2008.

Anoche desperté inspirado/agitado y la exposición se armó sola entre las 4:00 y las 5:00 de la mañana.

Me gusta mucho el resultado, así que si no hay cambios en el programa, nos vemos el 5 de Marzo a ver qué tal me quedó.

Mktg Trends 2008

Pie, boca; boca, pie

Juan Villoro es un poco tonto. No es machista, no es un incendiario, ni es un mesías. Es un atolondrado.

Escribió una columna en GQ -una revista que no se caracteriza por ser un baluarte de la alta literatura- donde afirmó que el mundo de las relaciones públicas está formado por fauna que se puede clasificar como “algo más que una edecán, algo menos que una ejecutiva“, y que “no he encontrado ninguna capacitada para resolver un problema. Su habilidad consiste en transmitirlos“, entre otras joyas.

Inmediatamente, hordas de profesionales de las relaciones públicas pusieron el gritito en el cielo. Cómo se le ocurre a este fulano que puede proferir semejantes improperios en una revista cuyo contenido es 80% press release!? Se preguntaban, desconcertados.

La gente de relaciones públicas comparte con abogados y publicistas el dudoso honor de no ser demasiado creíbles a primera vista. Su rutina diaria consiste en impulsar notas / sentencias / productos que probablemente no verían la luz sin un poco de ayuda.

Por eso -creo- ahí está el problema. No se trata de lo que dijo, sino de dónde lo dijo. GQ y muchas revistas similares, viven de un incesto permanente entre su contenido y sus anunciantes. Desde la cobertura de un desfile de modas, hasta las típicas páginas de “lo que se usa” con indicación de precio y dónde comprar, la separación entre editorial y comercial se borronea con tanto champagne.

Por lo menos ahora que Villoro tiene el pie en la boca, no podrá seguir mordiendo la mano que le da de comer.

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Latin American Idol es un show, no un concurso

“Latin American Idol es un show, no un concurso”, le dijo uno de los productores a C, una chica que canta como si los dioses se lo hubieran encargado. “Si cantaras un poco peor, y hubiera detalles como para corregirte, pasas a la última ronda, que es la que grabamos”.

Hace un par de semanas, y sin haberse registrado jamás para participar, C recibió una llamada de la producción de Latin American Idol: “Estamos seleccionando gente para un pre-casting”. Ya a esa altura me tentó la idea de postear sobre esto. “Pre-casting? Gente seleccionada a dedo? Y las inscripciones en el website y todo el resto?”.

El día indicado llegó al lugar de la cita, y pasó una serie de exámenes frente a diversos pre-jurados, ninguno de los cuales aparece en cámara jamás. A ver cómo cantas. Ahora algo más movido. Ahora una de salsa. Rock & roll? OK, con eso estamos.

Durante tres días estuvo dando vueltas entre una marea de otros esperazados, hasta que le dijeron “hasta acá”.

Es previsible que Latin American Idol sea un programa donde todo está predefinido, igual que las pueriles escenas de sexo de Big Brother. Lo que me parece horroroso, y siempre voy a discutir en todo ámbito es que nivelen “para abajo”.

C tiene una voz fantástica, tiene formación y entrenamiento para cantar MUY bien. Hace coros para cantantes famosos y siempre tiene algún compromiso para cantar por ahí. Yo soy medio sordo, pero he estado en un restaurant que enmudeció de repente cuando ella, sin un segundo de calentamiento se lanzó con el Ave María en alemán. Se mataban aplaudiendo al final…

Una prueba más de que el negocio de la música está posado sobre cimientos podridos. Prefieren alimentar un programa que dura un par de meses y después lloran cuando la gente no quiere comprar los discos del animalito de plástico que producen (alguien me explica por qué Sanjaya en la versión yankee sigue respirando? UPDATE: AdRants dice que su mediocridad resuena en los idem que siguen el show).

Uds. se lo pierden, por mi parte, cuando C está de buen humor y le insistimos un poco, canta un rato. Y ahora todos sabemos que es mejor que cualquier pescado que aparezca en TV.

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Desaparece CRAIN’S México?

UPDATE: La única señal visible sobre esto está en Advertising Age Mexico.

Hoy Crain’s México convocó a sus empleados, incluyendo gente de Monterrey a una junta en sus oficinas de México. Cuando llegaron, estaban esperándolos en la puerta de la oficina con un cheque y “muchas gracias”.

Según la versión de algunos -ahora ex- empleados, la empresa no logró vender suficiente publicidad o suscripciones como para garantizar la continuidad de la operación. Me pregunto si el website, que todavía está online, seguirá operando (y si llegaran a hacer plata, se convertirían en un caso de “rightsizing”).

Crain’s México es (era?) una subsidiaria o licenciataria de Crain Communications, la empresa que publica Advertising Age, Investment News y Financial Week, entre otras revistas. Antes de llamarse Crain’s, publicaban El Asesor, un periódico enfocado a negocios que yo seguí bastante porque publicaban una serie de listas por industria que me resultaron muy útiles en su momento.

Alguien tiene datos extra?

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Linkear o no linkear, esa es la cuestión

Time, Inc. y Expansión acaban de lanzar CNNExpansion.com. El Financiero hace el anuncio, pero en toooooooda la nota, no hay UN link al nuevo portal. ¿Por qué?

Si es porque los periodistas de El Financiero trabajan a las apuradas, y escupir contenido en papel y la web es más importante que la calidad de la escupida, pasa.

Si el sistema que usan para publicar textos en línea no permite poner links, pasa. Hay que pegarle al desarrollador, pero al final no es culpa del diario.

Ahora, si no ponen links para evitar que los lectores se vayan a otra página, 1999 está llamando, quiere que le regresen las malas costumbres.

Un diario es un medio. Un ME-DIO. Creo que tiene mucho más valor cuando actúa como vía de acceso que como destino. Voy a disfrutar mucho más (y volver periódicamente) si me muestra el camino a mil cosas nuevas, que si me apresan en su site.

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Clorox escribe, produce y dirige una telenovela, la verías?

En AdAge están que saltan de alegría presentando “Dame Chocolate”, una telenovela que se emitirá por Telemundo, con el dudoso honor de tener los productos de Clorox TAN integrados a la trama, que prácticamente los restantes personajes no importan.

Este milagro de la integración es obra de Figueroa Reyes, un publicista argentino que abrió una agencia de advertainment y ayer miércoles estaba comiendo en el Como de Polanco, junto a mi mesa.

Me provoca sentimientos encontrados. Por una parte hay un enooooorme grupo de amas de casa que no tienen idea de lo que significa la independencia editorial/creativa, ni leen esto, ni tienen las barreras tan levantadas como yo, que van a ver la telenovela como cualquier otra y le van a pedir “las bolsitas de la novela” al almacenero de turno. Como publicista, me encanta la idea.

Como observador, me da un poquito de asco. En eso soy idealista y creo, como dice Alejandro Dolina, que el mejor alimento para una rima excelsa es un fuerte desengaño. Mucho palabrerío para decir que me gustaría que la creatividad de los guionistas responda a mejores horizontes que el objetivo de ventas de un director de marketing.

No tengo nada en contra de la venta post-guión: si la historia cuenta que 007 tiene un auto espectacular, vamos a ver qué marca se interesa por estar acá. Primero el auto, luego la publicidad. En el caso de “Dame…” me parece que el proceso se da al revés: dicen “vamos a ver qué puede hacer nuestro personaje con el cloro en botella que vendemos”.

Y no, no me gusta para dónde vamos. Cuánto falta para que un banco o una marca de cerveza llegue a la producción del noticiero de las 8:00 y les escriba el guión? Créeme, a veces parece que esto ya está ocurriendo.

Muévete: lo peor de la TV argentina de los ‘90, en México hoy

Veo un post en BriefBlog hablando de la “impactante” campaña de product placement de Jenga en Muévete (un programa que reseñé hace poco), y me dio un flashback temible: ¿Es que sólo la TV basura de Argentina llega a México?

Me puse a averiguar un poco, y resulta que el productor del programa es argentino. Eso explica por qué mucho de la “inspiración” del programa viene de allá.

En “La Noche del Domingo”, Gerardo Sofovich -personaje central, pero nefasto, de la TV argentina- jugaba Jenga con su invitado de turno. Si la partida iba “bien”, podían pasarse una hora jugando, sin otro valor para el espectador que ver un par de tipos moviendo maderitas y emitiendo comentarios en el orden de “este está complicado… vamos a ver…”.

A lo largo de la vida del show, hubo varios concursos y juegos:

  • Concurso de balero
  • Concurso de corte de manzana (ambas mitades debían pesar exactamente lo mismo)
  • Concurso de pulseadas o vencidas
  • Concurso de ruptura de barras de hielo
  • Recuperación de mascotas en vivo, con su correspondiente llanto emotivo
  • Alguien recuerda algún otro?

Cuánto tiempo va a pasar hasta que veamos alguna de estas joyas televisivas en Muévete? Si no les alcanza esta lista, podrían “inspirarse” en otros ejemplares de la TV basura argentina: cámaras ocultas, “el peor día de tu vida”, shows falsos donde el supuesto conductor es la víctima, etc.

No digas que no te avisé.

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Y… ¿dónde está el sustantivo?

Cada vez escucho más y más comerciales que usan el slogan de una campaña en particular en vez de el nombre de la empresa/marca/producto para patrocinar un programa o segmento.

En Canal Sony pasan insistentemente un anuncio que dice “En cualquier parte del mundo, mantente comunicado con Telcel presentó este programa…”.

Me choca cómo suena. Me parece que el esfuerzo que ponen por taladrarme el slogan en el hipotálamo se contrapone a la efectividad del mensaje, y evita que relacione (depende de lo “creativo” del slogan) claramente quién está patrocinando qué. Y cada vez que cambian de campaña, cambia el mensaje.