Nadie aprende a nadar por correo

Saúl me escribió hace un tiempo, diciéndome que había decidido dejar todo e irse a otro país a estudiar una maestría en Marketing Digital, en parte por mi culpa. Mientras todavía me duraba la sorpresa por su declaración y el drástico cambio que estaba por emprender, le escribí estos consejos, a su pedido. Saúl no es su verdadero nombre. Esto dije:

Apenas llegues a tu destino, busca trabajo. No permitas que el estudio ocupe el 100% del tiempo. Aprenderás el doble en el trabajo que en la maestría, y aprovecharás el doble el contenido de la maestría si tienes una manera de contrastarlo con la realidad. Nadie aprende a nadar por correo.

Presta atención a tu entorno y aprende cuanto puedas del país donde vayas. Planea quedarte un par de años luego de finalizar el estudio para vivir la vida local sin filtro. Muchas veces se aprende más de uno mismo que de los libros. Cuando observes a tu país a través de los ojos de los medios “extranjeros” y a través de la distancia, encontrarás mucho espacio para el ridículo y la vergüenza ajena. Es normal, viajar cura el nacionalismo ciego. Aprende que hay un mundo allá afuera que no usa chile para lavarse los dientes.

Es probable (y esto viene a partir de mis sentimientos encontrados, porque DETESTO las maestrías in abstracto) que en algún punto descubras que lo que te cuentan en clase es una mamada y lo que te dice la calle es diametralmente opuesto. El 98% de las veces, la calle tiene razón. Follow the money. Pregúntate por qué las personas y empresas compran cosas que tu profesor califica como fútiles y/o nocivas, y verás lo full of shit que están los profesores de maestrías.

Ningún grado abre posibilidades sólo por alcanzarlo. Sólo tú puedes. Estudia y aprende, porque aprender es bueno. Pero trabaja y golpéate con el mundo real, porque tus próximos 40 años los pasarás trabajando, no tonteando en un aula. El mundo opera perfectamente sin nosotros, salvo que le hagamos notar su error.

Los cambios son buenos. Los grandes cambios pueden ser MUY buenos. Los errores son baratos, salvo que olvides usar un condón. No te creas infalible ni quieras serlo. Aunque ahora un año te parezca una eternidad, un día te encontrarás con 35 años escribiendo este mismo correo y todavía tendrás la sensación de que esto recién empieza.