Uno da vueltas por la vida y se encuentra con mucha gente.

Unos te caen bien, otros no tanto, algunos enseñan cosas y otros se llevan algo.

De toda la gente que nos encontramos, si tenemos suerte podemos elegir (o cuidar, retener, o algo así) a unos pocos.

Con el tiempo uno aprende que el círculo de gente a nuestro alrededor es cada vez más chico, pero más valioso.

En ese círculo, con un poco de suerte, se puede elegir o encontrar el primer amor, y el último; los grandes recuerdos, las historias para contar, las primeras lágrimas del alma y las últimas.

Ese círculo también toma decisiones y te elige, se queda con vos y te acompaña a lo largo de la vida, cualquiera que esta sea. Te rodea de gente que te considera de alguna forma valioso, querido, interesante o bondades por el estilo.

Todo esto pasa sin que nos demos cuenta, durante toda nuestra vida. Hace 30 años que te está pasando, hermano, y va a seguir.

Hace 30 años que te estás rodeando de la gente que querés y te quiere. De esa gente ya elegiste a quien va a compartir el resto de tu vida. Ya decidiste que te vas a hacer inmortal a través de tus hijos. Ya descubriste que podés ser gigante a través de las vidas de amigos en las que dejás huellas. Y todavía queda mucho por aprender y descubrir.

Cósmicamente 30 años es un parpadeo, aunque a vos ya te parezca una eternidad. En ese parpadeo construiste (con la ayuda de todos) tu propia estatua: la de un hombre a quien querer, respetar y admirar. Un hermano con quien hablar y un amigo para escuchar.

Juan, hoy voy a dejar que el resto del mundo te cargue y te joda un poco. Mañana quizás me dé cuenta que verdaderamente estás hecho un viejo de mierda. Hoy es otro asunto.

Hoy mi hermano del alma cumple 30 años. Y yo también un poco.

Te mando un abrazo.

Andrés