O están locos…

…o a nadie le importa qué mierda digan.

Hace meses me llama poderosamente la atención una campaña publicitaria de Farmacias Similares de México promocionando su producto Simi Condón.

Parte de ella se centra en la aparición de una vocera del producto, una edecán/modelo/actriz llamada Luz Elena González, en diversos programas de radio y televisión dirigidos a segmentos de nivel socioeconómico medio-bajo y bajo.

Hasta aquí, una campaña como cualquier otra. Cuando esta señor(it?)a comienza a hablar, ocurre uno de los fenómenos más inverosímiles que yo haya presenciado.

Durante el tradicional intercambio que ocurre en este tipo de publirreportajes, la vocera de FSM plantea a la audiencia las ventajas del uso del mencionado condón, por sobre los anticonceptivos de uso específico femeninos. Al comparar las funciones y la efectividad del condón frente a las pastillas anticonceptivas, mi alarma creció a nivele sextraordinarios. Esta empresa, en boca de su vocera, afirma que las pastillas anticonceptivas TRAEN CÁNCER que no deben usarse y que por el contrario, el condón es lo mejor que la humanidad inventó desde la rueda.

En mi opinión, es sumamente irresponsable realizar semejante afirmación, especialmente en un país con problemas de control de natalidad, violencia intrafamiliar, etc. (esta definición puede aplicarse a cualquier país latinoamericano actual).

Trasladar la responsabilidad de la anticoncepción de la mujer al hombre es un paso delicado que debe darse a través de una planificación cuidadosa y un proceso de educación y difusión de información muy amplio.

Consideren este escenario: hombre llega tarde a casa – hombre llega borracho -hombre quiere sexo con la mujer – lo consigue a pesar de la negativa – golpes más, golpes menos, el hombre se duerme.

Alguien dígame: en qué momento de esta “tierna” escena hogareña se produce la pausa necesaria para que se use el condón? En qué parte del intercambio se da el clima para que la mujer pueda poner el condón a su pareja y (a pesar de la pequeña interrupción) todo se vea como parte del “juego amoroso”?

Esta es la realidad (sea diaria o esporádica sólo agrega matiz al problema, pero no lo elimina) de miles de hogares en México y el resto del mundo subdesarrollado. Ahora, si a esto le agregamos que el mensaje a la mujer es “no uses pastillas anticonceptivas, deja todo en manos de tu pareja” me aterra pensar el resultado a largo plazo de esta línea de acción.

Es cierto que un condón es la mejor opción dentro de los anticonceptivos de barrera, y a primera vista su acción es más completa que la de las pastillas, ya que aparte de prevenir embarazos no deseados, protege de enfermedades de transmisión sexual. Pero esto es sólo cuando se utiliza.

En un país donde el machismo recalcitrante es parte de los comportamientos socialmente aceptados y hasta incitados por costumbres y medios de comunicación, la anticoncepción debe defender cuanto bastión le sea posible, en aras de producir un efecto realmente apreciable en la calidad de vida de la población.

Creo que nunca se debería dar el mensaje de abandonar un método en favor de otro, sin importar los intereses económicos que existan detrás de cada uno.