Internet para todos, pero no en tu casa

Leí una nota en Animal Político, donde Ana Lilia Moreno expone las razones por las que el estado no es el proveedor ideal de acceso a Internet, en contra de las propuestas de un grupo de ciudadanos llamado -previsiblemente- Internet para todos.

Concuerdo en general con Ana Lilia, pero hay un punto en la propuesta de IpT que me parece excepcionalmente bueno, tanto que es una bandera que sí levantaría con gusto: el estado debería ofrecer acceso a Internet en toda oficina pública, dependencia descentralizada y en algunos espacios selectos donde se detecte un beneficio social preeminente.

Con eso no competiría con los proveedores privados y sí ofrecería un beneficio particularmente orientado a segmentos de bajos ingresos. Además de espacios previsibles como bibliotecas y escuelas, ofrecer acceso a internet gratis permite:

  • En el hospital público, en lugar de salir a la calle para hacer una llamada desde un teléfono público, puede conectarme con un celular y usar Skype o Whatsapp sin consumir saldo.
  • En el precinto de policía, puedo tomar fotos y publicarlas en redes sociales o espacios de denuncia ciudadana para prevenir o documentar abusos, condiciones indignas, etc.
  • La explanada delegacional o un parque público puede convertirse en un lugar de reunión para jóvenes en un espacio cuidado, iluminado y con oferta alternativa de actividades, como el skate park inaugurado recientemente por el Jefe de Gobierno.

Para mí está claro que pedir que te lleven Internet a la puerta de tu casa es excesivo. Incluso encontrando los estudios que dicen que tener acceso a la red genera beneficios culturales-educativos por solo existir, sigo creyendo firmemente que es mejor un espacio de competencia con pisos de calidad (que hoy no hay en Mx), antes que dejar todo en manos del estado.

Como contrapartida, el estado tiene la oportunidad de convertir el acceso a Internet en una fuerza de desarrollo por cercanía, tangible y a todas luces beneficiosa, sin poner nerviosos a los proveedores privados de acceso. Y, si andan con MUCHAS ganas de hacerlo bien, dar el ejemplo con un servicio de calidad, que impulse esa sana competencia que aparentemente no florece solo con capitalismo y libre mercado.

Emprender, aprender, compartir

Estoy empezando a creer que es mejor hablar de lo que uno HACE y no de lo que uno SABE.

El problema con “saber” es que a veces agrupa conocimientos que adquirimos a través de la experiencia de otros y no contrastamos personalmente. Nos convertimos en evangelizadores sobre temas que nos fueron presentados convincentemente y que por diversas causas sirven a objetivos de terceros, pocas veces a los nuestros.

La “literatura” de negocios tienta en particular a todo un cardumen de ingenuos, deseosos de salvarse a través de alguna fórmula rápida o pase mágico, que insisten en ignorar que en el gran esquema de las cosas las recompensas y el nivel de esfuerzo que se requiere para obtenerlas, suelen equilibrarse.

A mi alrededor hay muchos esperanzados que recitan las fórmulas de “Lean Startup”, “Getting Real”, “Customer development” como si fueran una oración al dios de las empresas exitosas que hará aparecer mágicamente una marea de clientes con cheques en blanco frente a su puerta, mientras se deshacen de cualquier traza de sentido común a la hora de definir el producto que pretenden ofrecer o el mercado que pretenden atender.

Por eso es que cuando Eduardo me invitó a pasar un rato “talking shop” en Aldea Digital, me concentré más en qué viví y no en qué leí. Abajo el video, con algunas pinceladas de cómo fundé una agencia de publicidad, cuándo y por qué la dejé en pleno ascenso y qué aprendí en el camino (mucho de eso está acá también), que pueda aclarar ideas a algún jovenzuelo más desorientado que yo.


Aldea Digital: Negocios digitales y emprendimiento en México.

Kintsukuroi o la vida rota queda siempre más linda

Uno no viene listo para enfrentar los desafíos de su tiempo. Toda la información que recibimos de chicos, viene de gente que tampoco estuvo lista para los propios.

Los da Vinci, los Tesla, Arquímedes y Jobs nos parecen adelantados, visionarios, cuando son simplemente personas que saben descifrar el presente y apropiarse de las posibilidades que tienen al alcance de la mano. Viven intensamente el hoy y se nutren de su entorno, porque si realmente vivieran en el futuro, todo su legado estaría en páginas de libros discutibles.

Aunque parezca una sobresimplificación, no deja de ser un don supremo que nos está vedado a los mortales rasos. Lo mejor que podemos hacer es descubrir esa carencia -o esas posibilidades- cuanto antes, para cambiar con un poco de suerte y viento a favor, el rumbo de nuestras vidas.

Y para intentar explicar por qué arranqué tan etéreo, creo que conviene viajar un poco al pasado.

En los alrededores de mis 5 años de vida, entre algunos ataques de asma y la ausencia suicida de toda prestancia futbolística, desarrollé una pasión voraz por la lectura, sabiamente alimentada por mis padres, que como gran porción de la clase media argentina veían en la cultura el camino más noble hacia la movilidad social.

Ese gusto por la lectura devino también en una visión un poco torcida de la realidad: más de una vez choqué contra el frío mundo (o los fríos nudillos de algún compañero de escuela) porque mi visión literaria de cómo debían ser las cosas no coincidía con cómo eran.

Llamémosle sensibilidad artística, y dejaré entrever que pasé mis años de secundaria y algunos de universidad soñando algunas historias fantásticas y escribiendo poesía de la que no me termino de avergonzar, por no-muy-misteriosas causas. Eso sí, para el teatro, la música y “las artes visuales” como aglutinador de las restantes musas, soy de piedra.

Me he quejado amargamente ya de haber dejado de leer. Lo que aprendí a ver hace poco es que también había dejado de soñar. En algún momento entre 1992 y 2000 pensé (o dejé que fuera pensado en mi lugar) que había que ser práctico, asegurarse un futuro tanto como se pueda y amoldarse a varias ideas preconcebidas de “carrera”, “profesión”, “vocación” y “éxito”.

Acá estoy, con un título de Contador Público que me acercó muchas ventajas prácticas con el correr del tiempo, pero ninguna revelación estremecedora sobre mí mismo. Desde antes de comenzar la universidad yo trabajaba con computadoras y ese fue realmente mi primer amor profesional, pero cuando me tocó elegir la carrera, pensé que estudiar algo relacionado al campo de cómputo era más o menos limitante (1992 en Córdoba, Argentina), versus la posibilidad de conocer las tripas de la operación de empresas y negocios de cualquier ramo.

Lo suelo presentar como una decisión mega-inteligente tomada por un jovenzuelo en extremo maduro para su corta edad, pero -a la distancia- parece más una forma poco sexy de acomodarme a mi entorno que una epifanía.

Que no suene muy dark: he tenido una suerte monumental. Durante toda mi carrera profesional fui el tipo correcto en el momento justo y me funcionó a la perfección. Acepté ofertas e hice apuestas que siempre salieron bien para mí. La cosa es que casi nunca lo hice con amor. Se trataba más de no decir que no a buenas oportunidades que de seguir al corazón.

Cuando uno tiene un hijo, toda la vida cambia. Y Lucca en particular llegó con algunos desafíos extra, que nos costaron mucho en insomnio, tiempo de adaptación y todavía estamos aprendiendo a acompañarlo y allanarle el camino hacia el futuro. Nos paga con sonrisas y sueños brillantes, es un trato justo.

Kintsukuroi

Kintsukuroi

Entonces un día, al azar, me encontré con el concepto de kintsukuroi, que significa “reparar con oro”. Es una tradición japonesa, que consiste en reparar objetos de cerámica con una laca que contiene oro o plata, como en la foto. El trasfondo tácito de la tradición es que el resultado es más bello por haber estado roto.

Este futuro que con Bárbara construimos para Lucca, y tooodos esos sueños brillantes que nos regala, son kintsukuroi. No sé predecir el futuro, pero a alguien con semejantes sonrisas solo le esperan cosas buenas.

Volviendo a mí, la cosa es que llevo 21 años desde que conseguí mi primer trabajo y cada vez que me toca recorrer esa historia, lo hago con más distancia, como si estuviera hablando de otro. Todas esas decisiones racionales, convenientes y rentables, tuvieron un “costo de oportunidad” en términos de las nulas ganas que tengo de repetirlas, por ejemplo.

Pero no TODO va tan así, según descubrí hace poco. Resulta que en 1995 conocí Internet, en 1997 renté mi primer servidor en una empresa de hosting (esa es toda otra historia, no tenía tarjeta de crédito y pagaba enviando cheques/giros por correo físico a nvision.com), y desde ahí siempre mantuve vivos varios websites de amigos y clientes, con un gusto inusitado.

El hosting y la ristra de partes móviles que implica siempre fue un hobby para mí. Lo veía como la extensión natural de mi actividad como programador y después facilitador de comunicación. Los pilotos de carreras aprenden de mecánica como la gente que publica cosas en Internet debe saber manejar los cimientos de esas publicaciones.

Ese hobby, me sorprendí, es la actividad profesional más extensa que desarrollé en mi vida. Y también es la actividad a la que siempre regresé. Mientras la programación dejaba de ser central para mí, o la publicidad perdía su encanto inicial, o nomás me ganaba la vagancia, siempre tenía un rato para masajear un server y robarle unos ciclos extra de performance.

Es difícil de explicar, y por eso le estoy dando tantas vueltas al asunto. Me genera una brutal disonancia cognitiva, porque tengo programado en la cabeza que la respuesta “correcta” a la tan temida pregunta “¿A qué te dedicas?” está más cerca de “Tengo una agencia de publicidad” o “Soy el CEO de X empresa” que “Me gusta tontear con computadoras sin interfaz gráfica”, especialmente después de 20 años de “carrera”.

Preconceptos sociales -artificiales, o’course- aparte, es indescriptible el gusto que me da diseñar plataformas de hosting y lo mucho que disfruto aprendiendo y experimentando sobre ideas nuevas a cada rato. Esta es exactamente la sensación a la que se refiere el refrán/aforismo “Elige un trabajo que te guste, y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida”, que atribuyen a Confucio. Mientras tanto, mis servers responden a unos 8,000,000 de visitantes al mes, y me divierto como un enano que se divierte.

¿Qué aprendo de todo esto? Kintsukuroi. Tengo que aprovechar los fragmentos “rescatables” de lo que hice hasta ahora, y agregarles el “oro” de estos descubrimientos recientes para ver si logro un resultado más bello que el anterior. Al final, sigo siendo el mismo que ayer, y tengo 21 años de experiencia en tecnología, comunicación y management; lo central es para qué los uso, y predigo que a partir de ahora vienen tiempos apasionantes.

Está bien, acepto que mis pasiones son raras, pero si conoces de alguien a quien el hosting le haya quedado chico, o su WordPress ande leeento, sería un excelente momento para ponernos en contacto. Yo, encantado.

El privilegio de ser diabético, y otros cuentos

Queridos argentinos -diabéticos o no- indignados: lo que dijo su presidenta es solo una imbecilidad diseñada para desviar la conversación de un tema mucho más turbio, que es la expropiación de Calcográfica Ciccone.

Igualito que cuando salió el versito de las medias “Clarín miente” en Angola, mientras se definía el procesamiento judicial del bienamado vicepresidente Boudou.

No se vuelvan locos con las boludeces, que estos chicos son expertos en inventar piedras y esconder manos en bolsillos ajenos.

Algunas observaciones sobre la muerte de Chávez: el tipo personificó la falta de transparencia y la política de confrontación internacional.

Y puso tanto énfasis en su posición mesiánica que ese sistema nefasto está intrínsecamente atado a su nombre, al hombre.

Varios países de Latinoamérica abrazaron su estilo y ahora están más lejos del resto del mundo.

Su muerte produce en quienes sufrieron su gobierno, la expectativa de un cambio, el fin del sufrimiento. Muerto el perro, la rabia.

Pero no se trata de “faltarle el respeto” o “insultar a su familia”, el humano actúa desde su fuero íntimo, sin gran perspectiva.

El que se desprende de esa solidaridad humana mínima y se siente mejor por la muerte de otro, se sintió también dañado por la vida del otro.

Si no estamos dentro de ese arco de emociones, nos resulta difícil entender ese comportamiento. Pero es mal gusto, no mala intención.

Al menos en el 99% de los casos. Gente culera tampoco falta en este mundo.

Programar no es un superpoder

Cualquier idiota puede programar. El verdadero superpoder viene de saber resolver problemas con lógica, intuición y consistencia.

Yo era programador, y sonreía con falsa modestia cuando alguien equiparaba eso con algún tipo de “magia”. Un día conocí a un estadístico genial, que programaba en lenguajes que yo jamás iba a usar, y mucho menos dominar. Luego fue el turno de un físico, que usaba su computador como una extensión de su lápiz. Entonces entendí que programar es una consecuencia. Programa quien sabe que la computadora puede ofrecerle una solución más rápida y eficiente que por otros medios. ¿Hay algún herrero o carpintero que NO SEPA usar un martillo? ¿Conoces algún violinista que necesite aprender a fondo todo sobre los martillos para poder dar un concierto?

Entre ayer y hoy lanzaron una campaña que corre como pólvora en mis círculos socialnetworkeros, poblados de nerds de varios calibres y habilidades. La buena gente de Code.org se preocupa porque el 90% de las escuelas en Estados Unidos no enseñan a sus párvulos a programar, actividad que insisten en equiparar con un “superpoder”.

Si bien cualquier iniciativa que amplíe los horizontes educativos me gusta, esta en particular me parece bastante estúpida e hipócrita, viniendo de quien viene.

Recordemos que Estados Unidos lleva años sumergido en una de las peores recesiones de la era moderna, con TODAS sus industrias haciendo agua y pidiendo subsidios, salvo la industria del software y los servicios online derivados de él (aunque eso no les impida reclamar igual ventajas y subsidios). Es fácil creer que subiéndose a la estela de la industria informática se va a acelerar un poco la recuperación, pero visto desde el panorama general, el impacto en números puros y duros es una escupida en el mar.

Si tanto les preocupa el desarrollo de talento para el sector “estrella”, podrían mejorar o flexibilizar el proceso de inmigración para personal capacitado, en lugar de esperar que suficientes generaciones de jóvenes terminen la escuela y se inserten en el mercado laboral.

No quiero entrar en el tema de las valuaciones ficticias de negocios completamente desprovistos de función económica (LivingSocial es la estrella de esta semana, destruyendo 3,500 millones de dólares en un par de años) que algunos mouthbreathers van a esgrimir para desestimar mi expresión de “escupida en el mar”.

Sí quiero pegarle al ombliguismo que implica tener a Bill Gates y Mark Zuckerberg apoyando una campaña “para que más gente sea como ellos y tenga las mismas oportunidades”. Porque todos sabemos que si todos los niños de trailer parks en Alabama, Oklahoma y Tennessee aprendieran a programar, necesitaríamos multiplicar los listados de Forbes para poder contener a todos.

Para tener éxito, es mucho más importante tener capacidad para resolver problemas que saber programar. Vale más un tipo que termina un videojuego laberintesco sin ayuda que un eximio conocedor de la sintaxis de varios lenguajes. La programación es solo una herramienta, y su uso aumenta naturalmente cuando es la herramienta correcta para instrumentar la solución de un problema.

Ahí es donde Estados Unidos (y México, si quisiera mejorar su desastre educativo actual) debe poner un poco más de esfuerzo para revertir la espiral descendente que transita su sistema educativo. Con escuelas primarias y secundarias cada vez menos efectivas, aumento en la tasa de deserción escolar y un mercado universitario que destroza vía costos y deudas a los “privilegiados” que llegan a ese punto, concentrar la atención en enseñar programación es ofrecerle un violín a un manco.

Hagamos un esfuerzo serio por tener una población alfabetizada, capaz de expresarse y articular correctamente una conversación, con habilidades y recursos intelectuales para resolver problemas. Luego dejemos que esos genios (comparado con lo que tenemos hoy), decidan qué herramientas son las mejores para solucionar los problemas a los que se enfrentarán en un futuro que nosotros viviremos cansados, improvisados, adaptándonos a los tumbos como toda “generación anterior” viene haciendo desde hace 2 siglos.

De justicia y preconceptos

Más allá del escarnio a los funcionarios que defenestraron esa ilusión que Mexico añora, llamada “debido proceso”, uno cree que Florence Cassez es culpable de los secuestros que la acusan de haber perpetrado o acompañado, porque no se podría concebir que García Luna & friends -por borrachos de poder e impunidad que hayan estado- serían TAN imbéciles de montar todo su teatrito con alguien inocente.

Sería demasiado, ¿no?

Atención emprendedores: Plug and Play busca proyectos en Latinoamérica

Lo básico: €5,000 a cambio del 5% de la empresa a quienes resulten seleccionados, con opción de agregar €40,000 extras a cambio de un 10% al final del ciclo de aceleración de 3 a 4 meses en Valencia, España. Los 10 proyectos seleccionados recibirán servicios y herramientas valuados en €200,000 como parte del programa para dar el salto a Silicon Valley y Europa.

No te quedes acá, en Plug and Play tienen muchos más detalles y Amartino conoce bien a los “perpetradores”.

Siempre me imagino a los llaman “Españistán” a España (me refiero a los peatones, el autor y algunos conocidos míos se salvan) como tipos grises, tristes, vencidos por una realidad mucho más grande que lo que alcanzan a comprender.

Gente que tiene un tiburón pintado en el espejo del baño, y piensan que es el país roto el culpable de que se vean como sardinas.

Nunca es su culpa.

Yoani Warhol desde Cuba

Llevo un rato largo pensando un buen título para este post, y el que acabé poniendo es definitivamente malo.

Quizás la razón de la dificultad radica en un meticuloso adoctrinamiento latinoamericano judeo-cristiano que todavía hace ruido en el fondo de mi cabeza cuando estoy a punto de escribir algo que probablemente pueda ser interpretado como “mala onda” o algún eufemismo adolescentón por el estilo.

La cosa es que Yoani Sánchez y su interminable historia de martirio a manos del régimen cubano, me tienen harto, cansado de ver cómo el mundillo intelectualoide internetero la asume una heroína sin un ápice de escepticismo, el cual reservan para todo otro personaje que se les cruce en el camino, incluso Gandalf.

Seamos claros, Yoani vive en un “país de mierda”. Términos que uno se reserva para el propio y un puñado de otros países donde uno no viviría ni loco, que en general engloba a Haití, Myanmar, Rwanda y por supuesto a Cuba, un lugar que lleva unos 60 años de constante decadencia y desconexión con el mundo exterior, financiado por regímenes absolutamente contrarios a la moral y buenas costumbres de los guionistas hollywoodenses, no dudamos en reprobar cualquier cosa que nos indiquen rechazar sobre su gobierno, sus condiciones de vida, etc.

Sobre esta cosmovisión, la Sánchez forjó una imagen cincelada a la medida del descerebrado twittero promedio, hambriento de épica en 140 caracteres: ella “cuenta verdades” sobre Cuba en un blog “que mantiene gracias a la ayuda de mucha gente y traductores voluntarios” a pesar de innumerables intentos de callarla por parte del régimen.

W-O-W, ¡de película! Falta tomarse fotos montada en un dragón con un estandarte con la imagen del Che Guevara crucificado cabeza abajo, ¡y hasta tendría un altar en 4chan!

La realidad detrás de todo esto es que -mientras sigo afirmando que vivir en Cuba debe ser bastante desagradable en la medida que las condiciones se siguen deteriorando- el régimen cubano, autor de incontables otras atrocidades, no le toca un pelo.

Habiendo casos serios y documentados de asesinatos de periodistas y activistas opositores, además de los conocidos presos políticos que reaparecen en medios cuando lanzan una huelga de hambre, el recuento de los “acosos” sufridos por Sánchez se puede resumir en algunas demoras para que llegue tarde a mitines no autorizados. Si todo esto ocurriera en México, estaría dispuesto a creer que es la pariente incómoda de un senador, que jode pero es intocable. Como los hijos drogones de los gobernadores que cada tanto se nos aparecen en Facebook pachangueando en Las Vegas con el avión estatal.

Tampoco es que le desee un daño o prisión, sino que sospecho que al régimen cubano sus desvaríos semi-poéticos, sus apelaciones con pretensión de convertirse en canción, no le hacen mucho. Y la dejan ser. Esos 15 minutos de fama ya tienen demasiados años corriendo (perdón, algo tenía que hacer con el título).

La última vez que la ví en video, fue en un evento en Madrid. En el video contaba cómo no la habían dejado salir de la isla. El mismo régimen que no deja salir casi a nadie sin permiso, y a muy pocos con, no se sentía inclinado a hacerle la vida amable a una hereje anti-revolución.

Entonces se quedó. No se agarró una balsa como hacen miles de otros cubanos que quieren probar suerte en otras tierras. Tampoco agarró un fusil, como ya hicieron los que todavía están en el poder. Agarró un teclado, y posteó un desvarío semi-arengador, semi-voy-por-el-premio-Alfaguara. Justiiiito para la fauna que le hace caso y la idolatra, su acto de resistencia, en lugar de heroico, fue linkeable.

Chicos, crezcan. Entre Yoani y Juana de Arco hay un idem. Enorme.

¡Ay! Twitter, que me hiciste ingrato…

…y también me estás haciendo superficial, inculto, distraído.

Ayer tuve dos conversaciones maravillosas, una en un café y otra en mi casa, que me hicieron reflexionar sobre el espacio que las redes sociales, e Internet en general, tienen en nuestra vida y cómo desplazan otras actividades potencialmente más enriquecedoras.

Ya que -culpa de Twitter y Facebook- no tengo el calibre académico-intelectual suficiente como para hacer tooodo un tratado del ser y el deber ser de nuestra relación con servicios y medios digitales, resumo esto en una serie de observaciones que pueden servir para descifrar qué me preocupa en este caso.

Recuerdo una noche de 2007 en que un amigo estaba de visita en México y otro recién llegado, organizamos una cena para nerds en un restaurant simpático que nos prestó su cava (supongo que no querían ponernos “front of the house”). En algún momento de la conversación de sobremesa, alguien mencionó un video muy cómico que había encontrado en Youtube. “¿Cómo, no lo vieron?” dio paso a que alguien sacara su laptop y la conversación mutó a 12 personas en semicírculo frente a la pantalla por la próxima media hora, siguiendo recomendaciones que cada uno daba para actualizarse en el mundo del video ocioso online.

Ayer en mi café con David Sasaki, coincidimos los dos en la necesidad de comenzar a reorganizar nuestras actividades online. “Quiero dejar Twitter de lado para leer más”, lo cual suena ilógico solo por un segundo. Coincidimos en dos puntos centrales: la metralla de Twitter no alimenta neurona ni alma, y nuestros Kindle engordan sin medida ni perspectiva de adelgazar pronto. Queremos leer reflexivamente, reconocemos que es una actividad “superior”, pero nos perdemos en la marea cotidiana de asuntos de otros.

Y en ese punto vino la revelación: recibimos presión de nuestro círculo social para saber lo que pasa en las redes. La manera en que suplantan (con mayor o menor habilidad) otras formas de interacción personal, hacen que, al menos en nuestro círculo de idiotas hiperconectados, muchas conversaciones circulen alrededor de “¿Ya viste lo que twitteó Fulano?” o “¿Qué te pareció la foto que pegué en el muro?”. La conversación avasalla a la contemplación.

También ayer, pero más tarde, me visitó Juan Martín Medina, músico excepcional que lidera la banda de Julieta Venegas. Conversamos horas sobre la vida, las giras, el futuro y recibí una clase MUY detallada sobre qué se vive en un escenario y qué se escucha en los monitores. Con un nivel de pedagogía que solo alcanzan quienes treinta años después siguen enamorados de lo que hacen, me mostró un mundo que me era totalmente vedado.

Todo eso ocurrió mientras mi ISP tenía cortado un cable en mi zona y no había acceso a la red en mi casa. Otra frase clave: “Menos mal que no había red, si no hubiéramos estado comprando una cámara digital que necesito y te iba a pedir ayuda para elegir”.

Entonces la red, y mi propia incapacidad para ponerle límites, conspiran contra las actividades que considero enaltecedoras. La marea constante de notificaciones, chillidos, vibraciones que brota de teléfono, tableta, laptop y últimamente cualquier aparato cerca o lejos (tengo un Fitbit), nos llama cual canto de sirena a este espacio de conversaciones más sintéticas, formateadas para el medio que impone sus requerimientos, 140 caracteres cada vez.

No es una derrota solo mía. Mientras algunos bastiones de texto largo se defienden denodadamente, el medio que más crece y muchos toman como ejemplo de adaptabilidad a las condiciones de mercado es Buzzfeed, una publicación donde ningún párrafo requiere interrumpir la respiración para leerlo en voz alta y el 90% de los títulos sugiere una listametralla de 25 fotos de gatitos que no deberías perderte.

Es tan completa la derrota, y tan rica en psicología inversa, que creemos que estamos ganando y nuestra manera de hacer las cosas es la únicacorrecta. Los herejes que no abracen este evangelio serán condenados a la hoguera de nuestro sarcasmo. Anoche Genaro Lozano, conocido columnista de temas internacionales, se quejaba amargamente por el ruido que emitía la sucursal de Liverpool Polanco, promocionando una venta nocturna. Se quejó por teléfono a la policía, que mandó patrullas poco exitosas (previsible). Lozano, harto, la emprendió en Twitter, incluyendo en sus mensajes a Liverpool, la Policía del DF y Marcelo Ebrard, el Gobernador de la Ciudad, para no recibir respuesta de ninguno.

Hola, ¿Marcelito? Qué gusto escucharte, ¿cómo estás, mi carnal? Oyeme, perdona que te llame a estas horas, dile a Rosalinda que me disculpo por interrumpirle el sueño, pero sabes que tengo un problemita: los salvajes estos de Liverpool están molestando mucho acá en Polanco, meten mucho ruido, mi buen. Tú sabes que no te marcaría si no fuera algo verdaderamente importante, estoy escribiendo un artículo para mañana y ya de tanta bronca se me teclan las cruzas. ¿Te lo encargo, carnalito? Échale un fonazo a la Poli o algo, no sé. Sale, bye.

–Nadie, nunca, a menos que le hayas financiado millones de votos en la elección que lo puso en su cargo. Pero quienes vivimos sumergidos EN las redes, ignoramos -a veces de manera voluntaria- las jerarquías y nuestra propia posición en la pirámide alimenticia, donde estamos al nivel del plancton.

Si bien no hay una obligación explícita de ser accesible o responder a nadie cuando uno participa en Twitter, la sensación generalizada es que mostrándose abierto y dialogando con algunos contactos se logra una mejora saludable en la imagen pública. Yo mismo abogo por que las empresas salgan de sus espacios confortables (y defendidos con mano férrea por su área legal) para participar en los espacios que los consumidores eligen para discutir sus productos.

Pero con todo esto dicho, no hay ninguna razón para esperar que EL GOBERNADOR DEL DF te vaya a solucionar el ruido que hace tu vecino a las 12 de la noche. Y al margen de las expectativas, ¡YO no quiero que eso ocurra! Por más que don Ebrard pueda poner a todo un call center para responder en su lugar en Twitter, su persona(je) no debe ser así de accesible al mismo nivel que Carlos el taquero ni el funcionario corrupto de la delegación Miguel Hidalgo que está a cargo de los ruidos molestos y no hace nada. Porque si hacemos un escándalo cada 6 años para elegir al tipo más idóneo para ese puesto, no lo vamos a distraer pidiéndole que repare el bache que nos jode camino al trabajo. ¿Y qué hacemos si no nos responde, se lo pedimos al Presidente?

Así de alarmado estoy, y quizás exagero, pero tengo esta sensación que permea mi conciencia de que estamos confundiendo el medio con el mundo, los tweets con la realidad, los nicknames con las personas. Estamos dejando de ejercer la imaginación, estamos reaccionando más que meditando, creemos que el mundo es el timeline. Y por nosotros, me refiero obviamente a mí mismo.

El cerebro actúa como un músculo. Si se ejercita, se fortalece. Twitter, Facebook, ahora Branch y sus parientes y amigos, son el equivalente a comer Doritos frente a la TV. Creo que necesito salir a correr a un café con amigos.

Fierro viejo, la película

Tengo una idea para el próximo best-seller al estilo de las True Tales of American Life de Paul Auster, con una pizca de Story Corps y obvio canal de comercialización vía Nuflick.

Se trata de salir en una pickup por las calles de alguna colonia vieja y tradicional de las ciudades de México, con el audio de los compradores de fierro viejo a todo volumen y grabar a los que se acerquen a vender algo, contando la historia de su vejestorio, cómo llegó a la casa y cómo era la vida entonces.

No la imagino de acción, pero uno nunca sabe.

Se cooompran tambooores, refrigeradooores, estuuufas, lavadoooras, microondaaas, o algo de fierro viejo que vendaaan…

Chusma, chusma, Gobierno Federal. Eso no se hace.

En Animal Político tienen toda la saga de la pelea MVS – Gobierno Federal.

Lo que me llama la atención del asunto es que -después de un ir y venir de acusaciones- Joaquín Vargas sale a defenderse/presionar con una serie de chats de BlackBerry Messenger, impresiones de emails y otros documentos que nacieron privados. La respuesta enaltecedora del Gobierno Federal: ¡la misma! Sale Alejandra Sota casi en cadena nacional a mostrar comunicaciones privadas de oficiales del estado con un particular.

Habría que ver qué dice la ley al respecto, pero estoy bien seguro sobre lo que dicen los usos y costumbres: un particular tiene expectativas razonables de privacidad en todas sus comunicaciones interpersonales, mientras que el Estado NO.

La mejor señal al respecto es que LOS ESTADOS NO SE COMUNICAN como cristianos normales. Tienen hordas de burócratas escalonados para licitar, publicar, registrar, verificar y validar cada latido de la maquinaria estatal.

Por supuesto que hay conversaciones privadas, negociaciones susurradas y apretones de manos bajo el mantel (o lisas y llanas presiones y amenazas), pero ESO NO SE HACE. Entonces si ocurre, y viene un filibustero como don Vargas a sacarte los trapitos al sol, ¡la respuesta NO es agregar trapos al tendedero!

Entonces, queridos amateurs a punto de entregar la estafeta del Gobierno Federal:

  1. Charlitas privadas: NO SE HACE.
  2. Charlitas privadas vía medios guardables: MENOS.
  3. Ignoraron 1 y 2, y viene un viejo bucanero como Vargas a mostrar cuanta estupidez le dejaron guardar, estudiar e imprimir: CIERRAN EL PICO.
  4. Les enseñaría este tipo de conocimientos avanzados en persona, pero dudo que anuncien una licitación para esto.

Pontifica, pontificador. Pronto encontrarás un espejo

Llevamos años siendo aleccionados por Hollywood, entre otros tantos temas afines a los intereses de bajada de línea de la Casa Blanca, acerca de las desventajas de vivir en un país bajo el yugo de la ley de la Sharia:

  • Te pueden condenar a azotes por mirar feo a cualquiera.
  • Te pueden sacar los ojos si le miras las “regiones pudendas” a alguien, y esas regiones incluyen un área de 1 km a la redonda.
  • Te mandan a vestir un montón de ropa y además una tienda de campaña que cubre todo por encimita, no sea que alguien se entere que tienes piel. Y en esos países en que la temperatura promedio son 40º, debe ser torturante.
  • Te descuadran a pedradas si el viento te vuela la tienda de campaña (o si te cepillas a un vecino).
  • Tienes que escuchar a una jauría de gordos bienintencionados pontificar cómo alguien se está cepillando tus derechos humanos, y vives bajo un régimen poco humanitario, etc.
  • Analizas 10 minutos y ves que los mismos imbéciles pontificadores perpetran burradas semejantes a las que acusan, bajo excusas lógicas igual de inverosímiles, con el mismo desparpajo de un jeque (los fueros y los petrodólares producen los mismos efectos en los subyugados).
  • Todo por orden del mismo Dios.

Yahveh y Alá eran el mismo dios, antes del cisma entre Ismael e Isaac. La idea de negar derechos sobre el propio cuerpo (ya sea aborto, muerte digna, género e identidad sexual, etc.), joderles la vida cívica a los homosexuales, soslayar la ciencia en pos de la superstición y otras bondades, vienen de los mismos libros, pilares místicos de organizaciones políticas onerosas y perniciosas para la sociedad en conjunto.

El 50% (y a veces más) de la población de USA piensa igual que el 85% (creo que soy generoso, debe andar en el 95%) del Islam. La mitad del espectro político de USA es un espejo de los musulmanes a los que condenan, mientras actúan igual. El 100% de Hollywood está en USA y se financia de capitales interesados en impulsar mensajes que a veces parecen criticar lo que en privado se aplaude.

Fuck you, fellow human, porque Diosito dice.

Todd Akin: es peor de lo que pensabas

La verdad es que la respuesta podría haber estado mejor armada. Todd Akin, el recientemente anunciado candidato retrógrado conservador al Senado por Missouri, tratando de explicar su política anti-aborto sin excepciones, dijo en TV:

First of all, from what I understand from doctors, (pregnancy from rape) is really rare, […] If it’s a legitimate rape, the female body has ways to try to shut that whole thing down.

Previsiblemente, Internet explotó. Lamentablemente, en Latinoamérica Internet tradujo mal y explotó igual.

Medio mundo se enfocó en “legitimate rape” y salió a condenar al poco probable futuro senador por su salvajismo, aleccionándolo sobre la imbecilidad que implica juntar esos términos.

Seamos un poco más fríos en el análisis. En USA (sin ponerme a investigar) no debe quedar ningún rincón, por más Alabama que sea, sin leyes condenando la violación. ¿Qué hay, entonces, en la mente de un fulano que se opone a rajatabla al aborto, nomás porque Dios se lo dijo?

Que hay violaciones ciertas e indiscutibles, en que un desconocido ataca a una mujer y se impone sobre ella. En ese caso, el cuerpo de la mujer, en su infinita sabiduría, toma sus propias, misteriosas medidas anticonceptivas y nos evita una discusión sobre aborto para alegría de Diosito.

Y hay otras violaciones. Nebulosas, difíciles de delimitar, como cuando el novio borracho insiste de más, o el marido violento amenaza y gana. O el tío mano larga con la sobrina púber. Uno nunca sabe realmente qué pasó en ese garage. A esas Diosito las considera una zona grisácea, y el aborto es MUCHO peor. Nuestro partido y nuestros votantes están de acuerdo en eso. Eso piensa.

Después del ensalzamiento electoral que vivimos en México, conviene recordar que los políticos son un mínimo común denominador de la sociedad a la que representan. En general, cuando hay duda, se nivela para abajo. Y también pasa que cuando llegan alto, les da vértigo. No es su elemento.